jueves, enero 27, 2011

¿Son siempre odiosas las comparaciones?


Mientras reviso El País, en su edición online del 28 de enero de 2011, me encuentro con la carta de un lector llamado Joaquín Guadaño, publicada bajo el título “Islandia, una democracia real”. La leo y releo y pienso en el tema de las comparaciones: la H y Túnez, o la H e Islandia, como usted quiera. Pero mejor reproduzco la carta y así acaban los misterios; y por aquello de las dudas también pueden verla en el sitio original haciendo clic aquí.

Islandia, una democracia real
Islandia es, probablemente, el único país del mundo, junto con Túnez, que ha visto caer su Gobierno a causa de la crisis, y en ambos casos por la reacción del pueblo en la calle.
Los islandeses, además de conseguir la dimisión del Gobierno en pleno, también a base de caceroladas, han logrado un referéndum en el que han mostrado un rotundo "no" a las condiciones que el Gobierno pactó con sus acreedores para la devolución de su deuda (solo el 1,8 de los votantes se mostró favorable a las condiciones pactadas). Y para culminar este renacimiento de una democracia real, el país está inmerso en un proceso constituyente en el que participan directamente los ciudadanos.
Y todo gracias a la pacífica presión popular. Si finaliza el proceso, será la primera Constitución en la historia que no es redactada por una élite relacionada con el poder dominante. Quizá sea un iluso, pero a lo mejor algo está cambiando. ¿Será necesario llegar a la bancarrota o estar sumidos en una dictadura opresiva para que se imponga el sentir común de la ciudadanía? ¿Pasará la crisis sin pena ni gloria, o nos servirá para dar un paso adelante deseado por todos?

domingo, enero 23, 2011

Los “hombres huecos”

“Sólo que ya estoy más que harto de la gente sin imaginación. De este tipo de gente que T. S. Eliot llama “hombres huecos”. Personas que suplen su falta de imaginación, esa parte vacía, con filfa insensible y que van por el mundo sin percatarse de ello. Personas que intentan imponer a la fuerza a los demás esa insensibilidad, soltando, una tras otra, palabras huecas…Sujetos estrechos de miras, intolerantes y sin imaginación. Tesis desconectadas de la realidad, terminología vacía, ideales usurpados, sistemas inflexibles. Son estas cosas las que a mi, realmente, me dan miedo. Son estas cosas las que yo temo y odio con todo mi corazón. Es importante saber qué es correcto y qué no lo es, por supuesto. Sin embargo, los errores de juicio personales pueden corregirse en la mayoría de los casos. Si uno tiene la valentía de reconocer su error, las cosas, generalmente, se pueden arreglar. Pero la estrechez de miras y la intolerancia de la gente sin imaginación son igual que parásitos. Provocan cambios en el cuerpo que les acoge y, mudando de forma, se reproducen hasta el infinito.”

Haruki Murakami, Kafka en la orilla. pp. 281-283.

martes, enero 18, 2011

1Q84, el mundo según Murakami

Ya me había decidido a redactar algo, a reiterar las virtudes de una de las propuestas narrativas más originales de nuestro tiempo, pero mejor les dejo con el resumen que preparó Tusquets para presentar 1Q84, la última novela de Haruki Murakami:

“En japonés, la letra q y el número 9 son homófonos, los dos se pronuncian kyu, de manera que 1Q84 es, sin serlo, 1984, una fecha de ecos orwellianos. Esa variación en la grafía refleja la sutil alteración del mundo en que habitan los personajes de esta novela, que es, también sin serlo, el Japón de 1984. En ese mundo en apariencia normal y reconocible se mueven Aomame, una mujer independiente, instructora en un gimnasio, y Tengo, un profesor de matemáticas. Ambos rondan los treinta años, ambos llevan vidas solitarias y ambos perciben a su modo leves desajustes en su entorno, que los conducirán de manera inexorable a un destino común. Y ambos son más de lo que parecen: la bella Aomame es una asesina; el anodino Tengo, un aspirante a novelista al que su editor ha encargado un trabajo relacionado con La crisálida del aire, una enigmática obra dictada por una esquiva adolescente. Y, como telón de fondo de la historia, el universo de las sectas religiosas, el maltrato y la corrupción, un universo enrarecido que el narrador escarba con precisión orwelliana.”

Y si se deciden a leer un adelanto, mientras consiguen el libro -que saldrá a la venta en febrero, y en Honduras lo esperamos para marzo, LISER mediante- sólo hagan click aquí.

lunes, enero 03, 2011

De antologías y decepciones


Apenas recibo el aviso de que está disponible el último número de Letras libres correspondiente al mes de diciembre 2010 y, luego de revisar el índice y comprobar con alivio que la presencia de los textos en honor a Vargas Llosa ha disminuido notablemente, me enfrasco en su lectura: un nuevo cuento de Villoro, el infaltable artículo de Zaid, un poema de Ashbery, y un par de trabajos sobre el “presente, pasado y futuro del español”, de los que disfruto especialmente el que suscribe el maestro Alatorre. En la edición mexicana el plato fuerte lo constituye La mirada extranjera, un mosaico de relecturas sobre siete autores extranjeros que vivieron en carne propia la Revolución mexicana y dejaron su testimonio en sendos libros. Un verdadero deleite.
Hasta ahora no hay sorpresas, pero más adelante me llama la atención, en la sección “Libros”, la reseña dedicada a Cuerpo plural, antología de la poesía hispanoamericana contemporánea, donde se consignan poemas de nada menos que 58 autores reunidos por Gustavo Guerrero (Caracas, 1957). La reseña la firma Daniel Saldaña, quien arranca su escrito con esta definición: “Un cuerpo plural, sí: de temas, de recursos formales, de registros, de procedencias. Pero, con todo, Gustavo Guerrero rastrea un argumento en la diversidad: “es éste, en su conjunto, el primer grupo de poetas hispanoamericanos que se forma y se da a conocer en el período inestable de rupturas y transiciones que sigue a la caída del paradigma moderno”. La principal característica del nuevo modelo: no existe ya un concepto unitario de poesía. En el prólogo se habla, una y otra vez, de una “atomización y diversificación” de ese concepto. Aunque a pesar de esta atomización se pueden encontrar algunas confluencias. Por ejemplo, la “crítica de la sacralización moderna de la poesía”, intención que predomina en buena parte del volumen.”
Pero es hasta unos párrafos más adelante, cuando la reseña cobra interés para los lectores nacionales: “Tiene Cuerpo plural algunos nombres que son casi obligados para entender la poesía en español de los últimos años (Antonio José Ponte, Fabián Casas, Damaris Calderón, Germán Carrasco, Luis Felipe Fabre) y otros que por la escasa difusión de su obra era casi imposible haber leído antes; entre estos últimos, hay lo mismo decepciones (el hondureño Fabricio Estrada) que hallazgos importantes (el dominicano Frank Báez). No sorprende encontrar más poetas (y con más textos cada uno) de Chile, Perú y Argentina, países cuya lírica se adelantó, en cierto modo, al cambio de paradigma.”
Y aquí creo que es necesaria la reflexión, en primer lugar porque este juicio sobre el paisano Fabricio Estrada es, sin duda, el más descarnado y transparentemente negativo que aparece en la reseña. Y es aún más llamativo porque Saldaña deja entrever que se trata de una oportunidad fallida, porque al nivel decepcionante que le adjudica al trabajo de Estrada se suma el hecho que se encuentra asociado al escaso reconocimiento y difusión que ha tenido la poesía hondureña de los últimos años, situación que se resuelve con mayor claridad en la frase: “otros que por la escasa difusión de su obra era casi imposible haber leído antes”...En suma, aparecer en dicha antología era una excelente oportunidad para situar a la poesía hondureña de los últimos veinte años en el contexto hispanoamericano, precisamente porque los libros que publican con notable constancia nuestros poetas difícilmente serán leídos por alguien más allá de los límites patrios.
Está claro que en esta ocasión la poesía nacional no tuvo la suerte de otros años, cuando autores como Roberto Sosa, Oscar Acosta, José Luis Quesada, Livio Ramírez, Rigoberto Paredes, José Antonio Fúnes, por mencionar algunos nombres, aparecieron en antología compiladas en otros ámbitos y sus poemas fueron reseñados con entusiasmo, obteniendo un reconocimiento a nivel hispanoamericano que, en algunos casos, trascendió a España, Francia, Italia o Alemania. A excepción de Fúnes, estos poetas pertenecen a un canon anterior al de Fabricio Estrada, cuya vida y obra se enmarcan en un "movimiento" que, en su notable empeño por encontrar lectores hasta debajo de la mesa, se ha caracterizado por una incontinencia editorial que era concelebrada con singular benevolencia y camaradería desde el proyecto denominado Paíspoesible, cuyo círculo fundador e iniciático pronto cosechó adeptos entre los escribidores de provincia afanados por encontrar un nicho en ese boom editorial pletórico de il miglior fabbro y peces dulces a la hora siguiente. Si bien es cierto que algunas voces sensatas advirtieron sobre el tema de la calidad en la obra de estos autores self edited, finalmente se impuso el alegato que reivindicaba su derecho inalienable a publicar cuanto verso pasara por sus cabezas de laurel coronadas, así como su rechazo ante cualquier aproximación crítica que cuestione en lo más mínimo lo que consideran su “derecho a crear”, incluso Estrada ha llegado a afirmar en su blog: “Así deben ser las cosas ¡crear! ¡crear! los para qué escribimos dejémoslo a los peritos mercantiles de la crítica!!!”
Aunque más adelante Fabricio Estrada se alejó de tan demagógico proyecto, que privilegiaba el volumen editorial y la gestión cultural por encima de la calidad literaria; su obra, finalmente, no puede distanciarse de sus premisas fundacionales, de su elemental arte poética. Y esto se hace patente al momento de la evaluación objetiva que supuso esta lectura de Saldaña, desprejuiciada de los intereses del terruño, de las visiones telúricas y socialmente simplonas que impone un provincianismo que no ha encontrado su enmienda en la aldea cibernética, por el contrario, ha enrarecido los afanes de “capitalina” centralización y su dialéctica del conciliábulo, en la medida que se aprovechan contactos virtuales para persistir en mostrarse como factótum de la actual poesía nacional, cuando sus valedores no hacen más que sacarse las pulgas de sus anacrónicos chalecos de costumbristas posmodernos.
En resumen, con esta decepción, como la ha calificado el “perito mercantil” Saldaña en Letras libres, se perdió la oportunidad de mostrar al mundo la obra de una nueva generación de poetas hondureños como Rebeca Becerra, Mayra Oyuela, José Antonio Fúnes, Marco Antonio Madrid. Samuel Trigueros, Jorge Martínez, Giovanni Rodríguez y Gustavo Campos, cuyos trabajos ya han pasado por el tamiz de la apreciación crítica más allá de los círculos vernáculos y bien pudieron quebrar un par de lanzas en favor de nuestra poesía nacional.
Si quiere descargar completa la reseña de Saldaña haga click aquí.

viernes, diciembre 31, 2010

Lecturas 2010


Aunque intento sustraerme de las modas de portnoyes y cerdos hermanados, no dejaré pasar la oportunidad de enumerar mis lecturas del 2010: las más significativas, sobre las que vale la pena dejar constancia de su paso. Al igual que otros, debo aclarar que no todos fueron publicados en 2010; en fin, el tercermundismo cultural en un país manejado por fascistas infames se manifiesta, entre otras cosas, por la ausencia de verdaderos libros en esos antros del mal gusto que cuatro gatos insisten en llamar librerías, cuando en realidad no son más que cinco estantes llenos con las mierdas de Coelho & Co. que los periodejos e imbéciles del patio compran con fruición.
Pero mejor entremos en materia y, cómo no, hay que empezar por la producción nacional, así salimos más rápido:
En materia narrativa, aunque se publicaron, y premiaron, tres que cuatro cosas, lo más relevante que se pudo conseguir fue Ficción hereje para lectores castos (Giovanni Rodríguez) y Los inacabados (Gustavo Campos), dos muestras de lo que se está produciendo en la zona norte en el marco de un singular proceso cultural que ya ha sido cartografiado, entre otros, por críticos competentes como Helen Umaña, Sara Rolla y Hernán Antonio Bermúdez.
La poesía fue singularmente prolífica, pero los aportes más sustanciosos provienen de visiones que abrevan de la vieja receta de la antipoesía, pero a través de un proceso de apropiación libresca y reinvención que se materializaron en textos como el de Magdiel Midence: Autorretrato de un payaso adolescente, y La piel de la ternera, de Otoniel Natarén, así como en una de las propuestas más sólidas y definidas de los últimos años: Las causas perdidas, de Jorge Martínez, que finalmente apareció en edición artesanal presentada a fines de año en Costa Rica. Y en su línea clásica, pero esta vez con un toque definitivamente más íntimo, Marco Antonio Madrid nos trajo La secreta voz de las aguas. Mención aparte merece Antes de la explosión, donde Samuel Trigueros apuesta por convocarnos al “desasosiego de la insurrección”.
En ensayo la propuesta más interesante salió de la pluma de Jorge Amaya: Historia de la lectura en Honduras 1876-1930, quien de nueva cuenta apuesta por escribir historia a partir de temas y puntos de vista más originales y menos acartonados que los que generalmente escogen sus pares del oficio, empeñados en escribir historia que nadie lee, por farragosa y falta de interés.
Más allá de la H, en narrativa no se puede dejar para después la mención a un par de novelas imprescindibles sobre el narco en México (y en EUA y en Colombia y en Honduras, por supuesto), empezando por la magistral obra de Don Winslow: El poder del perro, en una edición extraordinaria pese al prólogo aniñado de Fresán, y su correlato norteño: Entre perros, de Alejandro Almazán. Aira volvió a sorprenderme con Los misterios de Rosario, y lo de Iván Thays con Un lugar llamado Oreja de Perro fue una experiencia significativa, pero quizás lo mejor del año corresponde a las lecturas de Los ejércitos de Evelio Rosero y a la del paisano León Leiva Gallardo con La casa del cementerio. Una experiencia feliz fue el reencuentro con Auster a través de Brooklyn Follies.
En poesía confieso que disfruté largamente con Anne Carson y La belleza del marido así como de la relectura de los cuates inimitables: Jeta de santo, de Mario Santiago, y La Universidad desconocida, de Roberto Bolaño. Y en ensayo todavía ando inmerso en esa propuesta maravillosa de Homi Bhabha: Nación y narración, así como en los múltiples vericuetos de la pretenciosa, pero válida, Postpoesía, de Fernández Mallo.

domingo, diciembre 26, 2010

La savia popular revitaliza al arte hondureño. Helen Umaña


El pasado viernes 10 de diciembre viajamos a Trinidad, Santa Bárbara, junto a Helen, Rocío y Armando. Después de la "escala técnica" en El Galopa, llegamos al filo de las 9:00 de la noche y fuimos recibidos, con la cálida hospitalidad triniteca, por Delmer López, Samuel Trigueros, Mega y los compas de La Siembra. Todos estaban inmersos en la actividad previa al día de la quema. Esa misma noche vimos algunas de las chimeneas, pero fue hasta la mañana siguiente cuando pudimos apreciarlas cabalmente; también conversamos con los pobladores, quienes se han identificado totalmente con la actividad a lo largo de estos años. Nadie mejor que Helen Umaña para describir esta maravillosa experiencia en las líneas que siguen a continuación; además, puede complementar su lectura con las imágenes captadas por Armando García, Gustavo Campos y Mario Gallardo haciendo click aquí.

La savia popular revitaliza al arte hondureño.
Helen Umaña

El portal, a la entrada, con símbolos teatrales sobre la simulada y gris pared, nos pone sobre aviso: entramos a una región en donde, por algunas horas, la imaginación y la creatividad imperan. Estamos en un espacio público ganado al boicot oficial que las desterró del centro de la ciudad.
La tortuga es inmensa y sobre su bien delineado caparazón porta un mapa de Honduras: «Representa al país porque su desarrollo es muy lento, como el paso de la tortuga», nos explica un niño que no va más allá de los doce años.
Otra escultura reproduce a un conocido personaje de las series infantiles televisivas. El amarillo intenso refulge al espléndido sol de la mañana triniteca. La larga cola simula mortífero rayo: «Este es PicaEneeChú: sólo perdona las deudas de los ricos pero no las de los pobres», indica el pequeñín.
«Juan Pueblo» se lee sobre la alta cruz. Como balanza, del brazo horizontal cuelgan dos bandejas: una, llena de gorilas de peluche, domina con su peso; la otra contiene paquetes de alimentos y granos básicos y se ha ido hacia arriba. Al pie, la pala, el martillo, el serrucho y la piedra de moler recuerdan la precariedad de las armas con las cuales Juan Pueblo libra su cotidiana batalla contra el hambre. En la base del fiel-cruz, una peana. «Se puede subir el que quiera», anuncia un joven. Una hermosa mujer vence el miedo y acepta el reto. «Estire los brazos»; «incline la cabeza», dicen algunas voces. El largo cabello le cubre parte del rostro. Eva crucificada, susurra una voz dentro de mí. A sesenta años de distancia, la obsesión del novelista Toño Rosa parece corporizarse. Un cuadro vivo dentro de la mejor tradición del teatro de evangelización. De sopetón, el arte dramático, había irrumpido en forma espontánea provocando la analogía. Las cámaras, afortunadamente, atraparon la belleza del instante.
Reproduciendo el deformado y esquelético cuerpo de Sméagol, el infrahumano personaje de «El señor de los anillos», la enorme caricatura-escultura es la efigie burlesca del gobernante actual. Enormes orejas y dientes enormes. Sonrisa estereotipada. Frente a él: tres calaveras y sus correspondientes cruces chorreando sangre. Sentado sobre el mundo, sus deposiciones manchan la tierra.
¿Y el león?, le pregunté al muchacho que custodiaba la gigantesca mole. «Es el sistema —me contestó con seguridad apabullante— y allí está, chiquitito pero valiente, un muñequito que representa a Morazán y al pueblo; por eso lleva la bandera de Honduras», concluye. ¿Cuántos trabajaron?, pregunto. «Como treinta o cuarenta. Algunos iban por la tarde, o por la noche». ¿Pertenecen al teatro La Siembra? «No, lo hicimos con los de nuestro barrio». ¿Y es así con todas las chimeneas? «Sí, todas se elaboran por quienes deseamos hacerlo». Un sentimiento de alegría me invade: Aquí está surgiendo arte desde las profundas necesidades del pueblo. Lo que esto anuncia hacia el futuro es imparable, pensé.
El monumento a «la prensa vendida» se realizó con escrupuloso realismo. Siguiendo minuciosamente el diseño de antiguas imprentas, a manera de ruedas de muerte, de sus entrañas salen, maquiavélicamente aderezadas, las portadas de periódicos expertos en el camuflage y la mentira. El color terrible de la sangre —ese, el que jamás se olvida— salpica toda la estructura.
El monstruoso Minotauro se eleva por encima de las demás esculturas. Quizá unos seis o siete metros. En tierra santabarbarense ha revivido el antiguo mito griego del devorador de hombres. De sus fauces y de sus garras cuelgan girones de la bandera nacional. Alegoría de aquello que ha hecho del país uno de los últimos de Latinoamérica: el salvaje sistema de explotación y opresión; la violencia represiva; el golpe de Estado; el conflicto agrario en el Aguán; la maquila… Tal, la riqueza polisémica del símbolo.
«Santísimo Ventura». Vestido de elegante traje azul, a sus pies, a manera de pisoteo, cerca de sus zapatos, descansa un blanco libro en cuya pasta se lee: Estatuto del Docente. La autoridad, enemiga de las conquistas laborales del magisterio.
Una grácil llama. Su pata aplasta al águila que, ornada con la enseña de las barras y las estrellas, yace sobre el suelo. «La hicieron un niño y su madre», explica nuestro cicerone: «Son los países de América del sur que se oponen al imperialismo», concluye. El nombre de la pequeña chimenea esconde una sugestiva propuesta de acción: «La llama que vuela».
La araña es de acabado perfecto. Inmensa. Cubre todo lo ancho de la calle. La noche anterior, iluminada, parecía un engendro escapado de una siniestra película de terror. Título: «La viuda negra del capitalismo». Esa mañana, un muchacho agregaba los toques finales de pintura. Se estaba a pocas horas de quemarla y el afán de perfección indicaba algo básico, presente en el discurso total de la «Feria del Paseo Real de las Chimeneas Gigantes»: el gran respeto a los espectadores; el sentido de dignidad con el cual debe tratarse al pueblo en función de receptor de cualquier mensaje.
La loba, sencillamente fabulosa. Gigante entre las gigantes. Como los míticos Rómulo y Remo, a sus tetas, prendidas con voracidad infinita, grandes serpientes le succionan hasta la última gota de energía: las organizaciones empresariales; los burócratas; los golpistas, el bipartidismo… ¿Nombre? «Matria en nido de sierpes».
Soberbio es el gesto del águila imperial. En sus garras, un cuerpo destrozado. La cabeza sangra sobre el suelo. Como terrífico bosque, manos gorilescas se alzan en demanda de artefactos de muerte… Evocando a Pedro Magdiel, Róger Iván, Wendy, Isis Obed, Walter y otros y otras como ellos, y pensando en lo que en ese momento está ocurriendo en el Aguán, la siniestra alegoría provoca escalofríos. Su nombre: «Ave dando de comer a sus gorilas».
«La partida del ángel» tiene una tónica distinta. La grácil mujer-mariposa, de brazos levantados que sostienen al mundo, casi está a punto de alzar el vuelo. Su relajante y vertical diseño sugiere una realidad distinta, una tierra más humana y menos perversa. ¿Símbolo de los hombres y mujeres que, a costa de sí mismos, han luchado por un mundo más amable? ¿Es asimilable a la esperanza que quedó en la caja de Pandora? ¿Un ser de nuevo cuño buscando el porvenir? La amplitud interpretativa es señal inequívoca del logro estético de sus creadores.
¿Y la enorme vagina que parece haber escapado de una página rabelesiana o de una película surrealista? Desprejuicio total al trabajar los detalles anatómicos. Sus autores corrieron el riesgo de enfrentarse al sentimiento pudibundo de algunos. Al final, «La gran revelación» fue apoteósica. Una oda a la vida que se inicia y se renueva. En el recorrido que el espectador podía realizar al interior del mega vientre, en las fotografías exhibidas, un propósito: inculcar respeto al cuerpo femenino. En conjunto, enseñar que en la anatomía humana no existe nada vergonzante porque es tan natural como la flor, el árbol o el pájaro. Conducir a la reflexión sobre el tema del aborto. Fomentar el rechazo a la violencia doméstica. Los aplausos finales, cuando el fuego consumió las entrañas de la chimenea, indican cuál fue el veredicto popular: aceptación unánime de la propuesta conceptual.
Si costaron tanto, ¿por qué quemarlas?; ¿por qué gastar dinero y esfuerzos en algo que las llamas destruirán en segundos?, dicen los pragmáticos. Porque en la vida no todo es dinero, contestaría Délmer López, el gestor principal de las chimeneas. Más importante que el brillo fatuo del oro es la milenaria lección del fuego, le confirmaría, en un hipotético diálogo, Gastón Bachelard. Quemar —purificar, a manera de ceremonia sacrificial— todo lo que, a nivel personal o colectivo, denigre y pisotee la dignidad humana. Lección que, una vez asimilada y aprendida, no se borra nunca de una recta conciencia.
¡Cuántas enseñanzas desprendidas de la «Feria del Paseo Real de las Chimeneas Gigantes!» de Trinidad, Santa Bárbara. Ratificación de lo que fue evidente a raíz del golpe de Estado: el surgimiento de un fuerte despertar artístico y cultural al margen de la cultura canónica. Un movimiento, punto de encuentro entre artistas de extracción popular y otros que han pasado por la academia y las escuelas de arte. De esa interacción, ambos grupos han salido beneficiados. Lo comprueba la majestuosidad de las chimeneas alineadas en medio de la calle. Cada una, la pieza de un discurso cerebralmente concebido. Obedientes a un diseño inteligente y a una ejecución rigurosa. Ello posibilitó leerlas como un discurso integral, coherente y pleno de sugerencias interpretativas
Punto de singular importancia es la masividad implícita en su elaboración (y también en su disfrute): cada chimenea surgió de la participación de colaboradores de los diferentes barrios. Infantes, amas de casa, jóvenes… Cada quien aportó lo que pudo (inclusive, baleadas repartidas a media noche para que los artistas repusiesen fuerzas). En conjunto, según cómputo realizado por estimado amigo, el costo humano total equivale a catorce meses de trabajo.
Otro detalle digno de tomarse en cuenta: la quema de las chimeneas, en Trinidad, convoca a artistas procedentes de diferentes lugares del país. Cantautores, poetas, pintores, músicos, teatristas, narradores, fotógrafos… han hecho el viaje en varias oportunidades. Pero en las dos últimas ediciones (2009 y 2010), hubo una meta específica: insertar el discurso artístico dentro del marco sociopolítico surgido a raíz del golpe de Estado.
Lo anterior corrobora lo apuntado en más de una ocasión: la magnitud del golpe de Estado determinó un momento de fractura y de crisis que se proyectó a todo nivel. En el terreno intelectual y artístico, sin neutralidad posible, se abrieron las opciones de apoyo o de rechazo al accionar golpista. Para los de este último sector, las circunstancias demandaron la fusión con el gran movimiento de resistencia popular. El acto ilegal contra Manuel Zelaya Rosales y la violencia represiva que desencadenó les exigió un acto volitivo de recomposición y cambio de ruta: el inicio de una etapa que, superando la torre de marfil, apostase todas sus baterías al esclarecimiento, interpretación y apoyo al esfuerzo con el cual el pueblo, día a día, con altas cuotas de dolor y sangre, escribe su propia y digna canción.

San Pedro Sula, 14 de diciembre de 2010

sábado, noviembre 20, 2010

Escribir la Vida, según el Viejo Indecente


Nosotros, que escribimos la poesía de la Vida, muchos de nosotros estamos muy cansados, tristes y hartos y casi derrotados (aunque no del todo). Sin embargo, aun sabemos que no nos hace falta que Dios sea Divino, que no necesitamos versos de jardín para ser salvados, que no necesitamos la Guerra para ser Libres, que no necesitamos ningún Creelys que admirar, que no necesitamos Ginsbergs que se desmoronan para convertirse en monstruos vociferantes, pero quizás sí necesitamos lagrimillas por todas las chicas encantadoras que envejecieron, la cerveza derramada, las peleas en el patio delantero por nada salvo la ebriedad de nuestro triste amor. Defiendo en verdad nuestra poesía, nosotros los vivos de la Generación Amontonada, en verdad defiendo nuestra poesía y nuestro derecho a recitarla, y nuestro derecho a escribirla. Sin traje. Sin una revista objeto de una redada policial por “obscena”. Sin perder un empleo pusilánime. Haced el favor de entender que no defiendo que nada de lo que escribo sea inmortal; no reclamo un preciosismo especial; sin embargo, todo es bastante precioso: cuando me pongo los zapatos sólo veo 2 pies ahí abajo. Pero vamos a decirlo: los pocos hombres que como yo hemos tomado una opción, tengamos o no talento, estamos hartos del juego continuo de la muerte, estamos intentando dar trascendencia a través de brazos y narices y cerebros y huesos y vidas rotos a ese pequeño toque de cordura y sol cojonudo: ¿VIVIR? Sí, vivir, eso que nos toca a todos, a vosotros los muertos vivientes y a nosotros los vivos vivientes.

C. Bukowski. Fragmentos de un cuaderno manchado de vino. pp. 89-90

sábado, noviembre 13, 2010

DFW y la magia de la lectura


Una obra de ficción es una conversación que permite enfrentarse a la soledad esencial que se da en el mundo. Entre los seres humanos se da una situación de incomunicabilidad de emociones. La comunicación entre el creador y el lector es algo extraordinariamente misterioso. La buena literatura provoca una experiencia que permite trascender el aislamiento de orden subjetivo. Yo no sé si funcionará en español, porque es un término sumamente idiomático e idiosincrático, en realidad, la expresión de un sonido. Lo encontré una vez leyendo a Auden o Yeats, no recuerdo exactamente. Es como una epifanía, en el sentido que le daba Joyce al término, una revelación, la sensación de armonía y perfección que se siente en presencia de la obra bien hecha, de la obra de arte que logra su cometido. Es como un clic, el sonido que hace una caja que está perfectamente elaborada al cerrarse. El efecto inefable que provoca el contacto con la obra de arte. La comunicación entre distintas conciencias pensantes que se deriva de la contemplación de la belleza poética. En el acto de la lectura se da un componente que es el intento de establecer comunicación con otra conciencia, una interpenetración. Lo que llamo el clic es la capacidad de reconocer pensamientos y sentimientos que el lector siente como suyos, pero que no es capaz de verbalizar. Yo, como lector, en el momento de la lectura siento que el autor ha dado con las palabras que necesito para dar expresión a mis sentimientos. No les he dado forma yo, pero no por eso son menos mías: gracias al poeta, al escritor, han sido transfiguradas, y expresadas en una frase de gran belleza. En ese momento, el mundo cobra plenitud, solidez, rectitud.

La literatura según Murakami


Cuando escribo una historia, no me planteo que vaya a impactar a un lector japonés o a un chino. Simplemente, me divierto haciéndolo. Las historias que planteo me resultan naturales, no las puedo explicar. Son muy íntimas, son muy personales, y cuando las escribo escarbo en mi mente, en mi alma. Eso, precisamente, por qué no, también las puede hacer globales. Puede ocurrir perfectamente. Lo que hay que tratar es ser auténtico.
Hablo de mí. Me conozco a mí mismo. Sólo digo que en cada libro voy más hacia abajo, más y más. Para conocerme mejor, me dirijo cada vez más al fondo del pozo. Metafóricamente. También me gusta romper muros. Traspasarlos. Ir hacia el otro lado y husmear. Luego vuelvo. Eso es escribir una novela. Acudir en busca de lo oscuro, de lo que no sabes de ti. Si lo intentas, puede salir bien. Si eres capaz de traspasar esas fronteras, puedes convertirte en alguien que interesa de manera global y encontrar almas comunes en Asia, en África. Si tienes la valentía de traspasar el muro, la frontera ante el que te sientes solo y desarmado. Atraviesas el muro y puedes convertirte en otro. Puedes ser más libre, además. En mis novelas trato de que ocurra eso.
Yo utilizo la lengua como una herramienta. Una herramienta que puedo usar con mucha eficacia. Pero nada más. Por eso los críticos y los escritores me atacan. Yo busco una originalidad propia, alejada de lo que ellos pregonan. Tampoco frecuento sus círculos. No pertenezco a ningún grupo, y en Japón se supone que debes formar parte de alguno. Por eso me fui de mi país unos años.

Aira: La literatura, los jóvenes y el oficio


Durante muchos años pensé que me había dedicado a la literatura por descarte, porque no podía hacer lo que realmente había querido: hacer música, pintura, cine; no tenía talento, ni posibilidades de nada de eso. Así que lo más fácil era escribir, algo para lo que no se necesita más que un lápiz y un cuaderno, y saber escribir. Pero, con el tiempo, me di cuenta, muy a la larga, de que la literatura es el arte más difícil de todos; así que si lo elegí por descarte, hice un mal negocio.

Prefiero a compañía de los jóvenes. Es natural en los mayores ir a beber sangre fresca. Me gusta el entusiasmo, el empuje de los jóvenes, que se va apagando con el tiempo. La mayoría de mis amigos de mi generación, mis amigos de juventud, ya han perdido la llama. Yo trato de conservarla con el contacto con los jóvenes. La mayoría de mis amigos tiene hoy menos de 30 años.

Hay un reflujo respecto de lo que fueron mis años juveniles, los sesenta, los setenta, donde era casi obligatorio para un joven ser algo de ruptura, algo nuevo, algo distinto. Hoy día puede ser que haya más convencionalismo, resignación a hacer lo que quieren las editoriales, que tienen la obligación de seguir publicando libros para mantener en marcha su máquina y hay gente que les da ese material. A mí me parece que ya hay suficientes libros buenos en todas las bibliotecas como para seguir escribiendo novelas iguales a las que ya hay, por buenas que sean. Por bien hechas que estén, son más libros. Nuestra misión, para darle un nombre un poco más místico, es hacer algo nuevo, algo distinto, y de eso hay poca gente que se ocupe.

domingo, noviembre 07, 2010

La vida y la literatura, según Auster

“Cuando yo tenía su edad, esperaba seguir un camino similar al que mi sobrino había escogido. Como él, en la facultad habia cursado la especialidad de inglés, con la secreta ambición de seguir estudiando literatura o quizá probar suerte con el periodismo, pero me faltó valor para hacer alguna de las dos cosas. La vida se metió por medio –dos años en el ejército, trabajo, matrimonio, responsabilidades familiares, necesidad de ganar cada vez más dinero, toda esa cagada que nos deja empantanados cuando no tenemos los cojones de luchar por lo que queremos- pero nunca perdí el interés por los libros. Leer era mi válvula de escape, mi desahogo y mi consuelo, mi estimulante preferido: leer por puro placer, por la hermosa quietud que te envuelve cuando resuenan en la cabeza las palabras de un autor.”

Paul Auster, Brooklyn Follies. p. 21.

lunes, octubre 18, 2010

Sergio Pitol: El lenguaje, la vocación, el escritor


El escritor sabe que su vida está en el lenguaje, que su felicidad o su desdicha dependen de él. He sido un amante de la palabra, he sido su siervo, un explorador sobre su cuerpo, un topo que cava en su subsuelo; soy también su inquisidor, su abogado, su verdugo. Soy el ángel de la guardia y la aviesa serpiente, la manzana, el árbol y el demonio. Babel: todo se vuelve confuso porque en literatura casi no hay término que para distintas personas signifique la misma cosa, y ahora me harta seguir rumiando ese inútil dilema al que a veces doy tanta importancia sobre si un joven se transforma en escritor porque la Diosa Literatura así lo ha dispuesto o, por el contrario, lo hace por razones más normales: su entorno, la niñez, la escuela a la que acude, sus amigos y lecturas y, sobre todo, el instinto, que es fundamentalmente quien lo ha acercado a su vocación. Por otra parte, fuera de la obra lo demás no importa.

Sergio Pitol, El mago de Viena, pp. 86-87

domingo, octubre 17, 2010

Todorov: Sin arte estaríamos perdidos


En principio, el arte nos acerca a la verdad y a la libertad, pero conozco a muchos artistas que no son libres y eso hace mucho más difícil su existencia". Con esta contundencia se expresa Tzvetan Todorov (Sofía, 1939), director del Centro de Investigaciones sobre las Artes y el Lenguaje del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) de Francia, en esta entrevista.
Considerado uno de los pensadores esenciales de la Europa de las dos últimas décadas, Todorov, búlgaro de nacimiento y francés de adopción, ha sido distinguido con la medalla de la Orden de las Artes y de las Letras en Francia y con el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2008. El jurado español destacó, a la hora de la concesión de esta última distinción, que este filósofo e historiador que imparte ciclos docentes en las universidades de París, Yale, Nueva York, Columbia, Harvard y California, "representa el espíritu de la unidad de Europa, del Este y del Oeste, y el compromiso con los ideales de libertad, igualdad, integración y justicia".

¿Qué papel juega el arte en la consecución de esos ideales por los que le fue concedido el Príncipe de Asturias?
Decía el músico alemán Richard Wagner que el fin supremo del hombre es el fin artístico, que el arte es la más alta actividad del ser humano, lo que culmina su existencia en la Tierra, y que el arte verdadero es la cima de la libertad… Bueno, son palabras que para algunos pueden considerarse excesivas y que provienen de un gran artista que se significó por equiparar arte, libertad y dignidad humana. El arte es en la actualidad un fenómeno de múltiples formas y manifestaciones diversas. Ahí radica su riqueza. Creo que el arte tiene una connotación negativa cuando se observa desde un único prisma, desde una fórmula única. El arte es parte importante de la sociedad en general y del individuo en particular. La expresión artística nos acerca a la libertad, a la verdad si se quiere, pero no es sinónimo de una ni de otra. Conozco a muchos artistas que no son libres y también a no pocos que no tienen en la verdad su principal objetivo.
Desde la época romántica el arte adquiere papel protagonista, ya que se considera que proporciona un modo de conocimiento superior y representa la actividad más elevada a la que pueden dedicarse los seres humanos. Ha pasado el tiempo con todos sus vaivenes y la historia nos enseña que el sueño romántico, aunque infinitamente menos mortífero que la utopía política, también alberga una buena porción de decepción. Pero sin arte y sin artistas estaríamos perdidos.
Durante décadas ha estudiado los totalitarismos en Europa. ¿Considera que es posible que se extiendan en el próximo futuro y con carácter general posturas antidemocráticas?
Una de las características del fascismo, y del nazismo, es que tienen un componente nacionalista muy fuerte. Vemos que, en este sentido, en la Europa actual se están desarrollando de una forma inquietante algunos comportamientos y tomas de postura que podrían ser considerados como reminiscencias del pasado. Me refiero a la xenofobia y a la desconfianza hacia el extranjero y hacia el inmigrante. Esto hace pensar en la posibilidad, aunque creo que remota, de que se produzca un renacimiento de estas inaceptables posturas totalitarias. Algunos parecen defender Europa como si fuera una especie de fortaleza que preservase lo “puro” frente a lo de fuera.
El comunismo también puede llegar a constituir un riesgo en este sentido pues esta ideología adopta una doctrina de salvación que promete grandes mejoras en el plano de la igualdad de los seres humanos, aunque sepamos y la realidad haya demostrado sobradamente, su absoluto fracaso. La caída del muro de Berlín supuso el final, el hundimiento del comunismo. Nació entonces como sólida la esperanza de un nuevo orden mundial más armónico. Pero hoy, apenas 20 años más tarde, si miramos a la realidad constatamos que esa esperanza era ilusoria y que ciertos rasgos del ultraliberalismo democrático proyectan inquietantes sombras marcadas por el mesianismo y el totalitarismo. Hay que estar atentos ante estos signos.
¿Qué le impulsó a estudiar los totalitarismos y sus formas de represión?
Procedo de un país que vivió una fuerte represión. Nací en Bulgaria en vísperas de la Segunda Guerra Mundial. Mi país pasó a la zona de influencia soviética en septiembre de 1944. Hasta que me fui a Francia cuando tenía 24 años viví el calvario de una férrea dictadura. En Sofía, en donde nací y estudié Letras, comencé a valorar de forma cada vez más negativa el régimen en el que vivía. Sólo dentro del seno familiar y de los amigos más próximos podía expresar mis opiniones. Tras la terrible represión en Hungría en 1956, en Bulgaria la disidencia y la expresión pública de lo que pensabas era una mera utopía pues se reprimía de forma despiadada la más mínima expresión de protesta. Como he dejado escrito en mi libro La experiencia totalitaria, en un primer momento se corría el riesgo de ser expulsado de la universidad, del trabajo e incluso de la ciudad en la que uno vivía. Si se reincidía, no era difícil acabar en uno de los remotos campos de prisioneros, que eran auténticas colonias de reclusión y represión de las que a menudo no se salía vivo.
¿Qué mueve a los dictadores y a quienes los secundan?
Su finalidad es, como es obvio, conquistar y conservar el poder, y el medio del que se valen no son más que bonitas y falsas construcciones ideológicas. El fondo, sea cual sea la supuesta ideología que sustenta una dictadura, es apropiarse del poder. Naturalmente, esto convierte a los individuos que viven en un país totalitario en personas “sin opinión”. En su momento, en la sociedad de los países de la Europa del Este la adhesión a la ideología comunista desempeñó un papel de simple ritual. Todos, o muchos, la reivindican, pero nadie, o casi nadie, cree en ella.
Por otra parte, es indispensable someterse incondicionalmente al jefe. Los que secundan al dictador, y esto es aplicable a cualquier tipo de dictadura, en general no son unos fanáticos, sino arribistas cínicos que hacen lo que hacen para acceder a una posición privilegiada y asegurarse una vida mejor. El motor de la vida social en una dictadura no es la fe y la creencia en un ideal, sino la voluntad de poder.
Ha señalado usted que a veces los intelectuales se sienten tentados por estas ideologías…
Sí, así es y es un fenómeno curioso. Cuando llegué a Francia, proveniente de un país sin libertades, me llamó la atención que no eran pocos los que defendían el régimen que a mi me horripilaba, me había privado de la libertad de expresar mis pensamientos y, por supuesto, de actuar. Era un enigma para mí. Después comprendí que aquellas personas, aquellos intelectuales que defendían aquello, lo hacían desde un plano meramente ideológico y alejado de la realidad. Las ideas eran muy atractivas, pero la realidad de una crueldad incontestable. Creo que el intelectual, como motor del pensamiento de una colectividad, tiene la obligación de no moverse sólo en el mundo de las ideas, sino de descender a la realidad, comprobarla y, después, juzgar, tomar posición y actuar.
¿Qué piensa de la polémica sobre la reciente expulsión en Francia e Italia de gitanos procedentes de Rumanía?
Nos choca el modo de vivir de estos colectivos, distinto al de la media. No viven en el centro de las ciudades, no visten con traje y corbata, no llevan a los niños al colegio. Eso se aprovecha y utilizan como elemento arrojadizo contra ellos. Como si todos fueran violentos y pusieran a la comunidad en riesgo. Pero no hay que olvidar que son ciudadanos europeos e integrantes de la Unión. Se les expulsa a Rumania, pero ellos pueden volver al día siguiente. Tienen su derecho como ciudadanos europeos. Dicho esto, todo lo que se ha creado en torno a este tema me parece que es una forma de distraer a la comunidad de problemas mucho más serios. Se habla de esto y así no se habla de algunos de los grandes problemas que estos países viven. Desde ese punto de vista considero que lo que está pasado es una burla a la ciudadanía; una mascarada.
¿Hay medicinas frente al riesgo del sectarismo, tanto a nivel individual como colectivo?
Creo que hay que observar la realidad desde la objetividad. La libertad de información es un elemento esencial. La función del periodismo es de una importancia decisiva. Hablamos de un periodismo libre, no encorsetado. No dependiente o sesgado. La educación en el sentido más amplio es una herramienta clave para evitar estos peligros. Por supuesto, la educación en la escuela, pero también la que pueden ejercer los informadores, los políticos, etc. Una educación basada en el respeto y en la consideración de la diversidad del mundo y de quien en el mundo vive. Que seamos capaces de abrirnos a lo de los demás, a otros mundos, y dejar de considerar lo nuestro como lo único y lo mejor.
¿Y el arte?
Como hemos comentado al principio de esta charla, el arte y lo artístico son elementos fundamentales del ser humano. Escribí hace cuatro años Los aventureros del absoluto, un libro muy centrado en la creación y en lo artístico. Recordaba en aquel texto un editorial de una revista que comenzaba: "La belleza salvará al mundo. La frase de Dostoyesvski nunca ha resultado tan actual. Porque cuando tantas cosas van mal a nuestro alrededor es cuando hay que hablar de la belleza del planeta y del ser humano que lo habita".
Belleza, escribí entonces, no implica pasarse la vida contemplando las puestas de sol o los claros de luna, ni tampoco esforzarse en enriquecerla con elementos decorativos adquiridos en un comercio. Se refiere más bien a la tentativa de ordenarla de una manera que la conciencia individual juzgue armoniosa, de forma que sus distintos ingredientes –vida social, profesional, íntima, material– constituyan un todo inteligible. El arte, en cualquiera de sus expresiones y en el sentido de que implica creación, contribuye de forma clara a logar esa armonía.

viernes, octubre 08, 2010

Pichulita Vargas Llosa o el Nobel para un castrado


Una breve ojeada a la historia del Nobel revela que es un premio frecuentemente marcado por el sinsentido, por la estulticia y la más burda manipulación. En un recordado artículo, Oscar Collazos demostraba que la lista de los grandes escritores que murieron sin haberlo recibido, reviste una dignidad que no acompaña a la de los triunfadores.

No volveré a hablar de Marcel Proust ni Nabokov, de Joyce o Ezra Pound. Prometo que nada diré de Graham Greene o Robert Musil. Nada de Virginia Wolf y Herman Broch, de Marguerite Yourcenar o Robert Graves, que se murió en Deià, Mallorca, soportando el estigma de ser el poeta vivo más “importante” en lengua inglesa. Cada uno, por separado, y nosotros, en amorfa masa de admiradores, sabemos que es más fácil sobrellevar la injusticia que soportar el equívoco del éxito, sobre todo cuando éste está legitimado por la dudosa unanimidad de un gran Premio.
Sería preferible hablar de Joao Guimaraes Rosa, de Juan Rulfo y Alejo Carpentier, de José Lezama Lima y Juan Carlos Onetti, ya que es prácticamente imposible pensar que los suecos anteriores a 1959 conocieran la obra inmensa de Alfonso Reyes, como sí es probable que, de paso, hubieran leído traducciones de César Vallejo y Vicente Huidobro
.”

Así evaluaba Collazos al inicio de su artículo “La importancia de no seguir esperando” el agridulce tema del Nobel, y nosotros podríamos agregar otras precisiones. Por ejemplo, la que tiene que ver con el hecho de que la Academia Sueca se resiste a reconocer al genio joven, atrevido y transgresor, por el contrario, prefiere al capo cuya obra es unánimemente reconocida, al gurú incuestionable del boom, pero que en el fondo ya no hace más que sacarse las pulgas del chaleco y repetir, en altisonante cantilena su receta, la que reconoce la claque y espera con avidez la última reencarnación del "lector hembra". También distingue a los suecos su tendencia inveterada a premiar la corrección política, la filiación acertada y el más visceral oportunismo, en otras palabras, destaca su predilección por aquellos que saben vivir sin quebrar un plato, aquellos que se afilian a los clubes de prestigio y gozan de las ventajas de pertenecer al International Pen.

Ayer la Academia Sueca actuó en consonancia con sus parámetros, con sus filias y sus fobias, al premiar a un Vargas Llosa en pleno declive intelectual, un escritor cuyas tres últimas novelas están muy lejos de la brillantez alcanzada con La casa verde, La ciudad y los perros o Conversación en la catedral. El autor al que premian, de hecho, ya no se reconoce, ya es imposible identificarlo, con esas obras cuyo signo común es la denuncia penetrante de los vicios de un sistema atroz a través de una narrativa atrevida, cuya estructura de vasos comunicantes era el vehículo perfecto para cuestionar la realidad latinoamericana individualizada en personajes como el Jaguar, el Poeta, Lituma, La Selvática, Zavalita, Ambrosio o Cayo Mierda. Y si nos remitimos a sus ensayos, la realidad es aún más triste, porque pese a la insistencia de Vargas Llosa por reivindicar una supuesta filiación democrática, en el fondo es incapaz de esconder su vocación fascistoide, que resulta imposible de ocultar cuando se leen sus lamentables “reflexiones” alabando el bombardeo inmisericorde y la invasión a Irak, o sus empalagosos y a veces tartamudeantes elogios a Bush y a la Thatcher, que se revela como senil objeto de deseo para este miraflorino con ínfulas de gentleman.

Pero el tema no se agota aquí, porque viene acompañado con una veleidosa tendencia, que ya había sido advertida en la Historia personal del boom, de José Donoso, en cuya página 175 podemos leer: “Mario Super Star”, el vedetismo como acción política. No sé si se siente atraído por el poder en sí. Me parece más probable que sea una actitud deportiva, casi estética por sus dimensiones...”. Y el vedetismo encontró su expresión natural, pero también a su némesis en 1990.

Pero antes de continuar es necesario regresar al año de 1967, cuando Vargas Llosa publica uno de sus textos más íntimos: Los cachorros. Los estudiosos coinciden al señalar que en esta nouvelle conviven elementos realistas y simbólicos, inmersos en una narración sencilla, casi un bildungsroman colectivo cuyo argumento discurre “a través de la adolescencia y la juventud, los problemas de adaptación, la sociedad fiera que castiga al que no sigue sus reglas o cumple sus requisitos...). La novela muestra la falta de adaptación propiciada por algo insalvable, la castración física. Esta castración puede simbolizar esa falta de machismo en el personaje (Pichula Cuéllar), rasgo que caracteriza esta sociedad retratada. Cuéllar, sin embargo, nunca rechaza este machismo, si no que intenta adaptarse a él, aun sabiendo que no puede”.

Y es que su protagonista, Pichula Cuéllar, ha sido enmasculado por un perro, Judas, en una escena llena de violencia: "Ahí, encogido, losetas blancas, azulejos y chorritos de agua, temblando, oyó los ladridos de Judas, el llanto de Cuéllar, sus gritos, y oyó aullidos, saltos, choques, resbalones y después sólo ladridos, y un montón de tiempo después el vozarrón del Hermano Lucio, las lisuras de Leoncio, los carambas, Dios mío, fueras, sapes, largo largo, la desesperación de los Hermanos, su terrible susto." Y el narrador añade: "Por ese tiempo, no mucho después del accidente, comenzaron a decirle Pichulita". Las desgracias para Cuéllar continúan hasta culminar con un desenlace anunciado: su muerte: "Entonces Pichula Cuéllar volvió a las andadas. Qué bárbaro, decía Lalo, ¿corrió olas en Semana Santa? Y Chingolo: olas no, olones de cinco metros, hermano, así de grandes”..."Cuéllar ya se había ido a la montaña, a Tingo María, a sembrar café." "... y ya había vuelto a Miraflores, más loco que nunca, y ya se había matado, yendo al norte, ¿cómo?, en un choque, ¿dónde?, en las traicioneras curvas de Pasamayo, pobre, decíamos en el entierro, cuánto sufrió qué vida tuvo, pero este final es un hecho que se lo buscó."

Castración y muerte, nada más, nada menos. Y la sociedad, o sea los amigos de Pichulita, prosiguen normalmente con sus vidas hasta que su castración, desgracias y muerte quedan en el más sordo de los olvidos. Cuántos de los temores de Vargas Llosa, cuántos de sus demonios interiores, fuente confesa de su inspiración, anidan en este relato, una narración reveladora en la medida que podría explicar su actitud ante los sucesos de 1990, que marcan su alejamiento (¿castración?) de la vida política y su rechazo visceral ante toda forma de reconocimiento a la soberanía popular, una actitud de despecho ante el rechazo que tuvo su candidatura a presidente, manifestada por el 62% de la masa electoral que se volcó a favor de un cuasi desconocido Alberto Fujimori, quien lo derrotó por un amplio margen de 24 puntos (Vargas Llosa obtuvo un 38%) en la segunda ronda realizada el 10 de junio de 1990.

Ese 10 de junio de 1990, Vargas Llosa sufrió la misma suerte que el atormentado protagonista de Los cachorros, ese día el pueblo peruano, ese ente al que en más de una ocasión ha tildado de masa amorfa e ignorante, prefirió a un oscuro inmigrante japonés antes que a su gloria literaria nacional, y ese mismo día Vargas Llosa se metamorfoseó en un Pichulita castrado y rencoroso, incapaz de comprender tal afrenta.

El rencor se acumuló con los años y se convirtió en una carga pesada que Vargas Llosa se empeñaba en exorcizar a través de pírricas victorias, como al nacionalizarse español en 1993; de celebraciones chuscas, como en 2002, cuando se apresuró a celebrar lo que consideraba la salida de Chávez del poder tras la intentona golpista de Carmona y la derecha venezolana; o erigiéndose en entusiasmado primate, como en agosto de 2009, cuando se declaró a favor del golpe de estado en Honduras, en una entrevista que los medios al servicio de la burda e igonorante oligarquía catracha han repetido hasta el asco este 7 de octubre con ocasión del Nobel.

Pero hay un dejo inconfundible de tristeza en cada una de sus acciones, que se tornan un pálido calco de las hazañas con que Pichula Cuéllar intentaba ocultar su miserable condición de eunuco, aquel navega olas y corre en su auto a temerarias velocidades, mientras su creador pugna por acumular premios y honores. Pero en el fondo ambos están conscientes de sus elementales carencias: a uno Judas le comió sus genitales, mientras que al otro, el pueblo peruano le restregó en la cara su atávico desprecio, truncando para siempre su vedetismo más íntimo. A partir de ahora, Pichula Vargas Llosa vagará por el mundo con un talego repleto de dólares, la barriga llena, la conciencia sucia y el Nobel bajo el brazo, con la secreta esperanza de que un buen día por fin deje de escuchar los amenazantes ladridos de Judas, que le persiguen desde aquella noche triste del 10 de junio de 1990.

lunes, septiembre 27, 2010

Juan Domingo Torres vive


La muerte de Juan Domingo Torres, además del dolor provocado por su partida, ha multiplicado las reflexiones de amigos y compañeros en torno a su vida y obra. Helen Umaña, Oscar Amaya, Juan Almendares y Roberto Quesada, entre otros, han publicado notas en la lista de FIAN donde recrean anécdotas y momentos especiales que compartieron con JDT, mientras que en la comunidad de blogueros destacan los post de Poetas del Grado Cero (Karen Valladares y Jorge Martínez) y la nota "Juan Domingo Torres o el traslado infinito" que el poeta Fabricio Estrada ha colocado en su Bitácora del Párvulo.

En este espacio virtual queremos expresar nuestro pesar ante esta pérdida irreparable para la comunidad del arte y la cultura, porque la muerte de Juan Domingo, sin duda alguna, nos disminuye a todos. No puedo dejar de recordar la penúltima ocasión en que nos vimos, a principios de septiembre de 2008, cuando lo invitamos a disertar sobre la obra de Pablo Zelaya Sierra, aprovechando la ocasión en que parte de su obra fue expuesta en San Pedro Sula, en la galería del Banco Central. Ese martes 9 de septiembre de 2008, las quince personas que asistieron a las diez de la mañana a la galería fueron testigos de su erudición y de sus dotes innatas de maestro, Juan Domingo nos guió a través de un recorrido por la historia del arte en Honduras, tomando como pretexto la obra de Zelaya Sierra. Siempre voy a recordarlo parado frente a "Hermanos contra hermanos", mientras nos llamaba la atención sobre algunos detalles, de repente se quedó en silencio y minutos después, quizás pensando en voz alta, afirmó: "ojalá y nunca más volvamos a pasar por esta barbarie".

Pero de todos los escritos sobre Juan Domingo, ninguno ha sido más certero, y más afín con la esencia ética de Juancho, que el de Sergio Bahr, el que nos atrevemos a reproducir aquí sin su permiso. Ojalá y no se moleste, aunque tal vez se molestarán más los pendejos que como dice Sergio: "van a aprovechar para convertir tu velorio en una vitrina de sí mismos". Y nuestras disculpas a Fabricio Estrada por robarle la foto de su bitácora.

Púchica Juan Domingo

De niños teníamos una fama de ser tremendos, mi hermano y yo. No mi hermana Karen, que desde chiquita podía dejar calladito a cualquier macho catracho, motivo por el que, a través de una especie de ósmosis masculina, la gran mayoría decidiera, sin expresarlo, no discutir con ella.

Pero sí Liber y yo, a quienes Roberto Sosa siempre con la genialidad en la punta de la lengua nos había puesto de apodo “paraniños” o “alias niños” según la noche, ya que nos las arreglábamos para ser el terror de los amigos de mi padre, sobretodo si ellos padecían de la indefensión de la borrachera, y nosotros gozábamos de la impunidad de ser, pues, niños.
Tirar un paquete de cuetes en medio de un grupo de puetas dormidos.

Esperar tras la puerta, agazapados durante horas, para saltar a la espalda y jalar la barba de los pintores.

Subirnos al techo y quedarnos acostados en las tejas hasta dormirnos o hasta que pasara algún incauto escritor al cuál pudiéramos aventarle bombas de agua, lo que ocurriese primero.

Púchica, Juan Domingo eras el único, creo, que sabía exactamente como lidiar con el terror. Durante aquel tiempo en que te quedaste hospedado en la casa de la Miraflores con nosotros, peleando todos el único sillón que había frente a la tele y que invariablemente ganaba el perro, Feo (que se tiraba cuan largo era en los cojines y se reía enseñándole los prístinos colmillos a todo el que pretendiera quitarlo) fuiste nuestro compañero de juegos, presentador de la risa, mago, Houdini, amigo.

Como Feo se apropiaba del sillón a los demás nos tocaba sentarnos en el piso a ver tele, jugando a apretar el botón de “mute” cada vez que Nasralla decía alguna tontería. Se apretaba mucho, ese botón. y mi padre, con ojo fino para la nobleza, declaraba que iba a salir en ruta probable a “La pájara pinta” y dejaba a Juan Domingo Torres, ahora con título de niñero, a cargo de nosotros.
Vos asentías con una sonrisa nerviosa, y después, cuando los adultos se habían ido y solo quedábamos nosotros los niños, con una enorme sonrisa cómplice.

Púchica Juan Domingo, me acuerdo cuando 20 y pico años después nos encontramos en aquella fiesta de graduación de unos compas de la pedagógica, yo ya creyéndome grandote y vos como siempre sabiéndonos niños, y platicando me ayudaste a liberar las historias guardadas en la memoria.

Como la historia en la que mi hermano y yo agujereamos tu cama de agua, de lo que te diste cuenta al tirarte en una noche de mucho sueño y encontrarla convertida en un íntimo lago.
Como la historia en la que una plantita de propiedades medicinales, que adornaba solitaria la mesa de la sala, se quedó sin hojas, cortesía de Juana la Loca.

Como la historia del truco de Houdini, mago del que tanto nos hablaste y con la que finalmente controlaste el entusiasmo destructivo de los paraniños.

“Juguemos”, te decíamos, y sonriendo siempre sonriendo Juan Domingo inventaste el juego de Houdini. “Consiste en lo siguiente”, decías serio y emergiendo como el gran profesor que siempre fuiste, mientras nosotros te observábamos expectantes, “yo les voy a amarrar a cada uno en una silla, y el juego es que tienen que liberarse solitos, como lo haría Houdini”.

Así que nosotros pasábamos horas felices, pero con el seño fruncido, concentrados en liberarnos de las ataduras, mientras vos Juan Domingo aprovechabas para tomar una siesta, comer algo, ver televisión al lado del Feo, carcajearte de cuando en cuando desde tu cuarto.

Cuando finalmente lográbamos soltarnos, exhaustos, observabas con ojo crítico el estado de las sillas, los lazos. “Quieren jugar otra vez?”.

Nos hiciste reír tanto, y años después cuando vos y yo nos encontrábamos en Bellas Artes, o caminando en el centro (compartíamos los dos la manía de andar siempre apurados), o en la Pedagógica que insistíamos en seguir llamando “la superman”, por aquello de los viejos y mejores tiempos, o rondando algún evento en el museo del hombre, o tropezando en alguna fiesta en la que ninguno de los dos estaba muy seguro de cómo había llegado, siempre siempre me hacías reír inmediatamente.

Púchica Juan Domingo, no importa cómo estuviera mi día, no importa que fantasmas, esqueletos en el closet, pesadillas, problemas graves o pequeños o reales o imaginarios o que puto calor estuviera haciendo o que puta tormenta estuviera cayendo o qué carajos estuviera pasando con nuestro paisito, siempre me compartías un abrazo, una carcajada, un chiste fino, y me dejabas de buen humor por el resto de la semana. Siempre agradecía que no preguntaras por mi hermano, simplemente recordabas.

Había un poquito, un casi indistinguible dejo de tristeza en tu mirada.

Así que hoy cuando, tarde, empiezo a ver esos mensajes que dicen que ya no nos vamos a tropezar por ningún lado, me dejé caer sobre la silla, sin ganas de hacer nada más que recordarte. Me dicen que te están velando en Bellas Artes, y que te entierran mañana. Sospecho que muchas y muchos van a aprovechar para convertir tu velorio en una vitrina de sí mismos. Lástima que sean tan pendejos. Por mi parte creo que se va a quedar pequeña la escuela de pintoras, músicos y puetas con tanta gente que irá a decirte adiós. Se quedará pequeña ante tu memoria.

También queda más pequeña, mas así como pueblito nuestra Tegucigalpa, nuestra Honduras. Un poquito menos divertidas, un poquitín más planas. Como dirías vos, más pencas, ligeramente más pendejas. Y luego la carcajada.

Se le va a arrugar un poco el corazón a mi padre, Juan Domingo.

Yo no estoy seguro que quiera ir a tu velorio. A vos siempre te daban risa esas cosas y después de todo, no era justamente Houdini tu mago favorito? Seguro ya estás planeado como escaparte, como burlarte, como reírte, como emerger triunfante.

Pero púchica, Juan Domingo, me van a hacer falta tu risa y tu magia.

Sergio Fernando Bahr Caballero
25 de septiembre de 2010

jueves, septiembre 16, 2010

Comunicado del CRC Norte A ante el brutal atentado contra el arte y la cultura en San Pedro Sula (15-Sep)


Ante la comunidad nacional e internacional, el Consejo Regional de Cultura Norte “A”, asociación civil orientada al fomento, promoción, difusión y desarrollo del arte y la cultura, junto a los Consejos Locales abajo suscritos, denuncia y condena la feroz agresión contra miembros de la comunidad artística e intelectual en el marco de los actos represivos ejecutados por la policía y el ejército, por órdenes expresas del régimen de Porfirio Lobo Sosa, en horas de la mañana del pasado 15 de septiembre, en el parque central de San Pedro Sula, donde se había programado la realización de un concierto patrocinado por la organización Artistas en Resistencia y por el Frente Nacional de Resistencia Popular.

El concierto "¿Cuál independencia?", donde el grupo Café Guancasco compartiría escenario con los compañeros de la agrupación Étnica y el cantautor Mario de Mezapa, estaba programado para realizarse al cierre de la marcha patriótica organizada por el Frente Nacional de Resistencia Popular, pero al momento de iniciar, y cuando miles de personas se aprestaban a entonar el himno nacional, la policía y el ejército de Honduras se arrojaron armados con garrotes y toletes contra la multitud, al tiempo que lanzaban bombas lacrimógenas y una tanqueta rociaba chorros de agua a presión, en forma indiscriminada, sin importarles la presencia de niños de corta edad, mujeres y ancianos. Al mismo tiempo, procedieron a destruir el escenario y dañaron el costoso equipo audiovisual que se había alquilado a la empresa alemana Euro Sound. La salvaje agresión se extendió en un radio de no menos de cinco cuadras del centro de San Pedro Sula, y los policías incluso allanaron en forma ilegal el edificio donde funciona la Radio UNO, en cuyo interior lanzaron bombas lacrimógenas, quebraron puertas y ventanas y amenazaron al personal que transmitía en directo esos eventos. En las instalaciones se había refugiado el sociólogo Ernesto Bardales, quien fue salvajemente golpeado y arrastrado fuera de la radio por miembros de la policía. No está demás señalar que Radio UNO es dirigida por un colectivo encabezado por el periodista Arnulfo Aguilar y con la colaboración de los escritores Helen Umaña, Julio Escoto, Armando García y César Lazo, entre otros connotados miembros de la comunidad cultural de la zona norte.

En el comunicado difundido por Café Guancasco se establece con claridad la real dimensión del brutal atentado contra la cultura:

“Informamos que este 15 de septiembre del 2010 fuimos reprimidos brutalmente por la policía y el ejército, mientras ofrecíamos nuestro concierto "¿Cuál independencia?", junto a miles de personas, entre las cuales había niños y niñas, ancianos y ancianas, muchas más que disfrutaban de nuestra presentación en forma pacífica. A poco menos de 10 minutos de comenzada la función, los órganos represores atacaron directamente el espacio en donde nos encontrábamos, lanzando bombas lacrimógenas al escenario y a todo el perímetro en donde se desarrollaba la actividad, seguidamente rociaron con agua y gas todo el equipo de audio y los instrumentos, lanzando de la tarima y robando muchas partes del mismo.
Un integrante de nuestra banda fue brutalmente golpeado en la cabeza y las manos, el compañero es además un integrante de la banda hondureña Montuca Sound System y se había unido a nuestra gira que comenzaba con éste concierto. Otros compañeros de Café Guancasco salieron gravemente intoxicados del perímetro y tuvieron que ser atendidos médicamente. Café Guancasco es una agrupación musical que forma parte del Frente Nacional de Resistencia Popular y en esta ocasión llevábamos a cabo junto a muchas organizaciones locales este concierto que era un regalo para todo el Valle de Sula”.

Pero la magnitud de la bestialidad policial-militar desplegada en San Pedro Sula llegó a extremos inauditos al provocar la muerte de Efraín López, un humilde ciudadano que se ganaba la vida vendiendo lotería en las inmediaciones del parque central. López, quien padecía de asma, fue víctima de las bombas lacrimógenas y, según fuentes hospitalarias, no pudo ser tratado con propiedad ya que se desconocen los químicos que la policía utiliza en estos actos represivos.

Finalmente, el Consejo Regional de Cultura Norte A expresa su solidaridad con todos los compañeros que fueron víctimas de la represión y, ante la brutal escalada fascista, exige una investigación exhaustiva y el castigo ejemplar para los responsables de ordenar y ejecutar esta feroz agresión en contra de nuestra comunidad cultural.

Exigimos, de la manera más enérgica, a las agencias supranacionales, especialmente a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), cuya Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural establece que “los derechos culturales son parte integrante de los derechos humanos, que son universales, indisociables e interdependientes...que el desarrollo de una diversidad creativa exige la plena realización de los derechos culturales, y que toda persona debe tener la posibilidad de expresarse, crear y difundir sus obras...”, así como a la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) y, sobre todo, al Programa Conjunto Creatividad e Identidad Cultural para el Desarrollo Local, del cual somos afiliados, que hagan eco de esta denuncia en los foros internacionales y que acompañen en forma decidida las acciones orientadas a alcanzar una condena contra al régimen fascista de Porfirio Lobo Sosa por este bestial atentado en contra del arte y la cultura nacional.

San Pedro Sula, a los 16 días del mes de septiembre de 2010

Consejo Regional de Cultura del Norte “A”
Consejo Local de Cultura de San Manuel, Cortés
Consejo Local de Cultura de Cofradía, Cortés
Consejo Local de Cultura de La Lima, Cortés
Consejo Local de Cultura de Masca, Cortés
Consejo Local de Cultura de El Progreso, Yoro
Consejo Local de Cultura de Pinalejo, Santa Bárbara
Consejo Local de Cultura de Macuelizo, Santa Bárbara

miércoles, septiembre 08, 2010

Hotel Postmoderno


Hotel Postmoderno” es una banda de literatura que defiende la escritura colectiva y la experimentación y contaminación. Han publicado dos novelas ("Hotel Postmoderno" (ed. Inéditor, 2008) y "De La Habana un barco" (ed. Lengua de Trapo, 2010) y una narración digital interactiva (http://www.suicidame.es/).

Los post de este blog pertenecen a la gestación de la primera novela del grupo, que fue escrita íntegramente en él, firmando todos los autores con el mismo nick para así perder la autoría y no saber nunca quién escribía, borraba, variaba, repasaba... cada texto. El hilo conductor fue el espacio: un hotel, y el estilo se homogeneizó a partir de una receta literaria y una imaginería común (libros, películas, publicidad...) pactada previamente.

No dejen de visitar el blog para ver cómo va la cosa.

Remember Mario Santiago


Bolaño lo recordaba así: “Lo vi por primera vez en la calle de Bucareli, en México, es decir en la adolescencia, en la zona borrosa y vacilante que pertenecía a los poetas de hierro, una noche cargada de niebla que obligaba a los coches a circular con lentitud y que disponía a los andantes a comentar, con regocijada extrañeza, el fenómeno brumoso, tan inusual en aquellas noches mexicanas, al menos hasta donde recuerdo. Antes de que me lo presentaran, en las puertas del Café La Habana, oí su voz, profunda, como de terciopelo, lo único que no ha cambiado con el paso de los años. Dijo: es una noche a la medida de Jack. Se refería a Jack el Destripador, pero su voz sonó evocadora de tierras sin ley, donde cualquier cosa era posible. Todos éramos adolescentes, adolescentes bragados, eso sí, y poetas y nos reímos”.
Pero este recuerdo entraña un peligro, el peligro de que a más algún insomne-adolescente-local (adolescente ya sea por edad mental o cronológica) se le ocurra, de la noche a la mañana, que basta con autoproclamarse “bragado poeta de hierro” para recoger la estafeta infrarealista, que basta con dejarse el pelo largo o raparse al cero, vestir una camiseta desteñida y un sucio jean, y acumular un par de sandeces y salpicarlas con 1, & y otros signos para ser considerado el último heredero de papasquiaro & bolaño & co. Pero no se engañe compa, lea bien a Mario Santiago, agarre la mochila y atrévase a viajar, consiga su jeta de santo y su aullido y –a menos que sea redomado analfabeta- se dará cuenta de que para llegar a ese puerto hay que visitar/leer un par de bibliotecas con bien surtidas estanterías de poesía & narrativa, clásica & contemporánea…hay que recorrer esas “carreteras de desnudez/arenas en las que mi inteligencia/no se había desollado antes/estas páginas/tantas noches mi hospital/& tantas mi balneario”. Mientras tanto, échese este par de poemas & no deje de leer, que para escribir bien, primero hay que ser 1 gran lector, todo lo demás es pura moda, pura paja…


Remember

Veo bailar a mis zapatos
((empeyotado & lúcido))
Me veo bailar de cráneo a rabo/ desnudísimo
Si ayer fue / todavía es hoy
Hijo de Cri Crí
& Groucho Marx
Jalo la reata azul de mi trapecio
Arcángel freak
Demonio puro
Grifo fierabrás
Manantial alteño
: What ever this means :


Evangelio del polvo

En la entrepierna del sueño
vaporosos gemidos nos bautizan
Las líneas de la mano son látigos
Cicatrices de calcinadas amatistas

Ancha boca el espejo de la vulva / trasterrada /
Las escaleras: vacías
& el siseo incesante del glande hipnotizado
la señal de la gacela al Buda
Abeja & ojo son 1 solo helicóptero en ascenso
Ajolote que enamora al musgo
El primer vello brujo
En el pubis de la ígnea Galatea
Despertar es serrucharse
Sacarle la nalga a la jeringa
Preferir la regadera al sudor de la raíz
cuando No hay mayor humedad que la del lodo

jueves, septiembre 02, 2010

Para combatir modas detestables


Ante la alarmante difusión del término "aperturar" por parte de las instituciones bancarias y similares, La obsesión de Babel solicita su adhesión a una campaña nacional para detener esta plaga. Con tal fin realizamos la consulta respectiva en el "pterodáctilo ideológico" (DRAE), y en la respuesta se nos advirtió tajantemente: "La palabra aperturar no está en el Diccionario". Ante tal afirmación, sobran los comentarios.
Por otra parte, ojalá y también se pudiera emprender idéntica cruzada para frenar el "loqueísmo", vicio caracterizado por el uso indiscriminado, por parte de los periodejos de la H, del giro "en lo que". Para ilustrar esta "moda" citamos a continuación varios ejemplos, tomados de periódicos y transmisiones radiales y televisivas: "estamos en lo que es el hospital Mario Rivas", "el trágico suceso ocurrió en lo que es la cuesta de la Virgen", "en lo que es su respuesta definitiva a los maestros, el gobierno sólo se compromete a pagar en bonos del estado", y podríamos seguir citando ad nauseam.

ACLARACIÓN: Nos abstenemos de solicitar colaboración para esta campaña a los académicos de la lengua, capítulo Honduras, en vista del descrédito en que ha caído, sobre todo tras el ingreso del flamante (o inflante) Perico de Palotes, mal-editor de dislates, golpista redomado y enfático sobalevas televisivo, quien se suma a la trinca infernal que ha tomado por asalto dicha institución: "Calabaceta", "Muerto bañado II" y "Juancito Caminante".
En atención a este hecho, la única institución nacional reconocida a nivel mundial en materia de conservación y difusión de la pureza lingüística es la Rial Academia de la Lengua Catracha, responsable de los prístinos vocaburlarios que han llegado hasta nos por interpósita mano del escribidor consentido de los tatitas y abuelargos: Armando García.