domingo, noviembre 20, 2011

Descanse en paz Daniel Sada




En junio de 2001 el suplemento Babelia reconocía la trascendencia de su trabajo narrativo tras la publicación de Porque parece mentira la verdad nunca se sabe con estas palabras:

“Fue discípulo de Juan Rulfo, y dice que le enseñó muchas mañas. Entre ellas, según Elena Poniatowska, la creación de un universo propio. 'Pero no la brevedad ni la del barroquismo', admite Daniel Sada. Noventa personajes y una mezcla de distintos dialectos se matan, aman y pelean a lo largo de las 654 páginas, muchas en verso, de Porque parece mentira la verdad nunca se sabe (Tusquets), una novela 'circular' que retrata la violenta y fraudulenta sociedad mexicana de los años sesenta y setenta. Carlos Fuentes y Álvaro Mutis, entre otros, consideran la obra una revelación para la literatura mundial.”

En su edición del domingo 20 de noviembre, el prestigiado suplemento español recoge la noticia de su muerte, precisamente en el día que el estado mexicano le otorgaba el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2011. Por mi parte, aún recuerdo el día de junio de 2000 cuando el doctor Rodolfo Pastor puso en mis manos la edición de Tusquets de Porque parece mentira la verdad nunca se sabe, así como el posterior asombro ante el descubrimiento de Remadrín, esa nueva versión de Comala, de los hermanos Salomón y Papías y el siniestro alcalde Romeo Pomar.

Luego, disfrutamos con la maestría esgrimida en Casi nunca, con la que obtuvo el Herralde en 2008, que tiene como eje al agrónomo Demetrio Sordo y sus devaneos amorosos con la puta Mireya mientras está comprometido con Renata, la niña bien de Sacramento. En esta novela, Sada confirma su talento en el manejo de una sintaxis narrativa que apuesta nuevamente por la creación de un ámbito cerrado y  pueblerino que sirve de marco a enredos y tragedias de incuestionable universalidad. El mundo narrativo de Sada se caracteriza por su riqueza fraseológica, por la persistencia con que se enfrasca en la construcción de un edificio verbal, de una voz propia, empeño que le lleva más allá de la pura gimnasia experimental.

jueves, noviembre 10, 2011

El penúltimo Cortázar. Sara Rolla




Cartas a los Jonquières  de Cortázar 
(un diario del exilio del Gran Cronopio)
 Sara Rolla

Es lo más delicioso que he leído en los últimos tiempos. Salió a luz en 2010 en “Alfaguara” y consiste en una recopilación de la correspondencia enviada por Cortázar a una pareja de entrañables amigos argentinos, Eduardo y María Jonquières, artistas ambos y residentes en Buenos Aires, desde su exilio voluntario en Europa, entre febrero de l950 y febrero de l983 (termina pocos meses antes de su fallecimiento). Se trata de ciento veintiséis cartas, trece tarjetas postales y un recorte publicitario.
Sus editores son Aurora Bernárdez, la primera esposa del escritor, y el español Carles Álvarez Garriga, quien dice en el prólogo:
“Además de que estas cartas ofrecen una imagen nueva de Cortázar, las correspondientes a los años de su definitiva instalación en Europa (1951-1955), nos informan con esmero y puntualidad casi semanal sobre un período del que apenas sabíamos nada. Estas cartas valen por el diario que no tenemos; accedemos con ellas a parte de su construcción intelectual porque, a la gran cultura literaria que ya tenía, aquí está sumando “el aprendizaje de la mirada”. (p.9)
Plenamente identificado con su materia, el coeditor confiesa también en el prólogo (incluyendo la opinión de Aurora):
“Creo que le envidiamos un poco al lector la maravilla que le espera cuando asista en estas páginas al nacimiento de los cronopios, a las peripecias de la traducción de la obra de Poe, al minucioso relato de las visitas a museos, iglesias y galerías, a la crónica de paseos urbanos y de reacciones-reflexiones: un curso de historia del arte y del deambular por la ciudad donde el profesor es, ni más ni menos, Julio Cortázar”.  (p. 11)
Refiere también el prologuista que Paco Porrúa, al terminar la lectura de las pruebas,  reaccionó así: “Es maravilloso. Se lee como una novela.” Efectivamente, el lector o lectora que se adentra en esta obra de 553 páginas, no suelta el libro (jamás “se le cae de las manos”), queda atrapado por la magia deliciosa del discurso cortazariano. Aurora Bernárdez dijo, también, en una conversación amistosa que cita el prologuista, algo muy importante sobre el valor testimonial de este epistolario: “… las cartas de Julio son su mejor biografía…”
No quisiera, aquí, incurrir en un viejo vicio pedagógico: el de brindar una “reseña”. El propio Julio, en una de sus cartas, se burla de ese tipo de expediente, al decirle a su amigo, en relación con un comentario que hace sobre un libro de poesía de este último: “… y que esto no huela a reseña profesional…” (p.  347) No obstante, estoy segura de que cometeré el error de trazar un panorama racional y muy “fama” del libro; pero, en fin, hay toda una “trayectoria académica”, para mi desgracia, que me ha generado ese mal irreparable.
Para atenuar tales rémoras, me limitaré, casi, a citar fragmentos extraordinarios (que cuesta elegir, porque todo lo es), aunque, eso sí, agrupados en (y aquí asoma, inevitablemente, la odiosa-diosa Razón) “zonas temáticas”.
He aquí mi “fichaje” personal. Las citas se acompañan del número de página y van, en su mayoría,  sin comentarios,  por ser autoexplicativas.
Concepto de carta
“Me alegro de que mis cartas-río les gusten. No sé de otra manera mejor para reemplazar el diálogo, que a ratos me hace tanta falta. Y me gusta escribir largo a los amigos porque es como una operación agresiva contra el tiempo, recortar en el tiempo París dos horas Buenos Aires. No sólo por gusto nostálgico –aunque eso esté, naturalmente- sino por lealtad a las cosas y a los seres definitivamente elegidos.” (25)
“Al fin y al cabo una carta es una operación amistosa, y si se limita a seguir más o menos fielmente un itinerario de viaje o un boletín de buena salud, de poco vale” (420)
La amistad
“… el tiempo es una buena criba que separa las amistades de verdad de las meras  relaciones.” (378)
“suelta tus perros, tiempo, y tus halcones,/distancia, encarnizados con mi pecho:/mi corazón ya es tantos corazones.” ( terceto final de su soneto “Los amigos”, 369)
Concepción de la literatura, la filología y la crítica
“Nunca creí en las “misiones” de los escritores, y entiendo que el escritor trabaja por las mismas razones hedónicas que el opiómano enciende la pipa o el violinista toca Bach”. (201)
“Jamás entenderé que a un señor lo pueda entusiasmar la evolución del sonido “oi” a lo largo de veinte siglos”. (396)
“… imposible tomar en serio a un tilingo que comienza con esa frase: Debiera haber cánones establecidos para juzgar la obra de un poeta. ¡Cánones! Sí, claro, la secreta ambición de los retóricos. Pero el sólo desearlos invalida toda comprensión de la poesía, que es anticanónica  por excelencia, si me permitís el dislate filológico.” (468)
Actitud filosófica
“Es tan horrible advertir a cada minuto cómo las facultades intelectuales empiétent (desbordan) sobre las intuiciones puras, tratando de esquematizarte el mundo…” (37)
“Como siempre la inteligencia, perra maldita, simplifica y deforma.” (85)
“Yo no creo que los ángeles sean felices, hay algo de bobo en la mayoría de ellos que los hacen encantadores pero sin comparación posible con nosotros. Realmente somos grandes. Cuando pienso en lo que somos capaces de hacer, metidos en este pozo de aire, en este saco de carne, en este mar de ignorancia… Creo que a todos les pasa igual después de cumplir el ciclo de las grandes catedrales francesas: uno se siente más fuerte y más seguro. Un animal capaz de construir semejantes colmenas espirituales es mucho más que un ángel, que sólo puede celebrar. (Es la diferencia entre el creador y el crítico, ¿no te parece?) (93)
“Puede ser que Dios exista; pero si realmente existe, creo que no somos su creación; apenas un borrador, un esbozo, una pesadilla antes de despertar y empezar a ser de verdad. “ (390)
“Ah, nacer de nuevo, inventarse de nuevo y mejor. Creer por lo menos en la inmortalidad… Pero no, no hay inmortalidad: hay fosfatos y neuronas y violentos protones que golpean  contra los sumicrones y los foutrones….” (392)
“Yo, que creo en ciertas figuras mágicas, en leyes extracausales que nos acercan y nos rechazan….” (398)
Humor
“… la vagancia es, como la poesía, un lujo necesario” (60)
“A  veces siento no tener el entusiasmo poligráfico del doctor Capdevila o de Guillaume de Tour (que me jodió una noche en París, enano maldito!)” (61-62)
“Cenamos en el Jean, en la Cour de Rohan, y bebimos acentuadamente.” (129)
“…les doy la noticia de que Aurora y yo incurrimos en matrimonio hace dos días…” (172)
“Allah es grande, pero la mierda puede más. Perdóname este comienzo sin elegancia. No estoy bajo la influencia de Antonin Artaud, ni soy discípulo de Henry Miller. Simplemente navego en un barco de la C.G.T.M…..” (268)
“… en el fondo las cátedras son una especie de beca: le pagan a uno por estudiar cosas a fondo. Lo de enseñarlas es secundario…” (365)
                                         “En fin, en fin, como decía Dumas
                                           Porque le pagaban por centímetro.
                                           Y, claro, convenía ser lo más punto apar-
te posible.” (426)

“…escucho jazz y hasta lo hago yo mismo, con horror de las ranas de la cisterna vecina que se callan instantáneamente, ofendidas hasta el alma.” (498)
“…el 2 de octubre iré a gastarme en Venecia los dólares ganados en Viena…” (506)
Visión de la Argentina y evolución ideológica
Conviene recordar que, hacia fines de la primera mitad del siglo XX, Cortázar sintió el peronismo como una atmósfera opresiva y castrante (de la misma manera que Borges). Esto se aprecia, por ejemplo, en su novela El examen, en el ambiente de algunos de sus cuentos y, a mi juicio, de una manera sesgada, en su obra teatral Los reyes. Ese conflicto espiritual lo hizo buscar el exilio. Pero, cuando los regímenes militares y conservadores post-peronistas convirtieron el país en el infierno que conocemos, Cortázar, habiendo observado de cerca la experiencia revolucionaria en Cuba y Nicaragua, tuvo un viraje ideológico muy significativo, perceptible, en parte, en su obra y, sobre todo, en su conducta pública.  Y ahora sí, vamos a los ejemplos:
“…unas frases condolidas sobre la muerte de Evita (gran tema aquí de todo el mundo) me salieron tan      frías y sin sentido que me gané censuras universales…” Carta del 30 de julio de l952 (87)
“… me he ido de la Argentina porque no puedo más.” (88)
(Una acotación: en la carta del lunes 19 de enero de 1953, Julio le cuenta a Eduardo que ha escrito un poema que se llama “Viaje aplazado”. Éste aparece en el volumen Salvo el crepúsculo, Alfaguara, 2004, pp. 316-7 y contiene un verso que dice “En Buenos Aires, capital del miedo”).
“Si tuviera veinte años menos, te mandaría una despedida y me quedaría aquí. (…)  Qué tipos, che, qué pueblo increíble.” (Desde La Habana, en enero de 1963)
“Este texto debe ser ya conocido en París, pero por las dudas te lo mando. Es auténtico: fue transcripto de la cinta magnetofónica registrada en Radio Magallanes”. (Se refiere al último discurso de Salvador Allende, en carta del 5 de noviembre de 1973 enviada de Ginebra a París, donde residía en ese momento Jonquières).
Lecturas (simpatías y antipatías)
“¿Leíste Mémoires d’Hadrien? (…) Cela vaut le coup”. (¿Leíste Memorias de Adriano? Vale la pena) Se refiere a la novela de M. Yourcenar, que Cortázar se encontraba traduciendo. (188)
“Leo Tristram Shandy, un gran libro. Al final de cuentas, la literatura inglesa me sigue pareciendo la más hermosa de todas.” (423)
“…iré con un gran gusto, sobre todo para ver a Lezama y pedirle, libro en mano, cien mil explicaciones de su fabuloso Paradiso que es una suma como no conozco otra en Latinoamérica, pero que abunda en oscuridades y macaneos que convendría liquidar en una segunda edición.” (470)
“Pronto te mandaré un texto sobre Neruda que estoy escribiendo para Europe. (…) He tratado de decir el efecto (poco conocido en Europa) que causó la poesía de Neruda entre los jóvenes argentinos, nosotros.
El gran terremoto de Residencia, la marca que nos dejó.” (521)
“A veces pienso que lo más fuerte que he leído en los últimos diez años es la obra de dos brasileños, Clarice Lispector y Lins…” (546)
“Devoro novelas ad usum beca como quien come uvas. No comparto en nada todo tu entusiasmo (y el de María) por la última de Greene.” (44)
“Acabo de leer Sexto de Wilcock. Uno no sabe si el individuo está loco, si es un imbécil donde a veces se alberga un poeta, o si directamente se entretiene en una especie de humorismo reblandecido que me repugna.” (166)
“Leo a Berenson. Me parece un inmenso culo.” (207)
“Es divertido ver cómo los sabatistas le sacan el jugo a las ya gastadas referencias a Camus y Graham Greene (…). Qué lindo sería escribir un diccionario biográfico en joda, y en las entries correspondientes a Camus y a Greene, poner simplemente: “Escritor inglés (o francés) que elogió la obra de Ernesto Sábato.”(434)
“Terminé trabajosamente Les mots, que me parece un libro acentuadamente inútil…” (Se refiere a Las palabras, de Jean Paul Sartre) (426)
Corolario
Termino ya esta “reseña vergonzante” (aunque hubiera querido ejemplificar tantos otros aspectos, como la gran pasión y el profundo conocimiento de Julio en el ámbito de las artes plásticas,  o los testimonios del proceso de gestación de sus obras, o sus preferencias en materia de ciudades y continentes). Pero esto se haría demasiado largo y, de todos modos, ahí está el libro, que, para quienes no lo han leído, se puede buscar (si no está en las librerías) en PDF, en ese formidable Aleph electrónico que es Google.

lunes, octubre 17, 2011

Murakami: 1Q84 y “las dos realidades”


En un artículo publicado en The New York Times, y a propósito de su novela 1Q84, cuyo tercer volumen acaba de publicar Tusquets, Haruki Murakami indaga en el carácter que tienen, y tendrán, las ficciones del siglo XXI en contraposición a las del siglo anterior, ya que el autor japonés considera, como si fuese un axioma, que “el papel de una historia es mantener la solidez del puente espiritual construido entre el pasado y el futuro. Nuevas morales y orientaciones emergen con bastante naturalidad de tal empresa. Para que ello suceda, primero debemos respirar profundamente el aire de la realidad, el aire de las cosas como son, y debemos encarar pródigamente y sin prejuicios la forma en que las historias están cambiando dentro de nosotros. Debemos acuñar nuevas palabras a tono con el ritmo de ese cambio”.

Murakami también considera que a las ficciones no las debe obsesionar la moral, por el contrario, reitera que “que el objetivo propio de una historia no es juzgar lo que está bien y lo que está mal, lo bueno y lo malo. Lo más importante es que determinemos si, en nuestro interior, los elementos variables y tradicionales avanzan armónicamente, determinar si las historias individuales y comunes se suman en la raíz en nuestro interior”.

Lo que no niega el autor japonés es el hecho que a la ficción narrativa le es privativa la función de “convertir todo en una historia” y, sobre todo, de “mantener la solidez del puente espiritual construido entre el pasado y el futuro” y, para alcanzar ese propósito “debemos respirar profundamente el aire de la realidad, el aire de las cosas como son, y debemos encarar pródigamente y sin prejuicios la forma en que las historias están cambiando dentro de nosotros. Debemos acuñar nuevas palabras a tono con el ritmo de ese cambio”. 

Finalmente, Murakami señala que "en 1Q84 no muestro el futuro cercano de George Orwell, sino lo contrario –el pasado cercano– de 1984. ¿Qué hubiera pasado en el caso de un distinto 1984, no el original que conocemos sino otro 1984 transformado? ¿Y qué pasaría si repentinamente nos lanzaran a ese mundo? Habría, por supuesto, tanteos hacia una nueva realidad”. Además, desarrolla la idea de las dos realidades, que explica de la siguiente manera: “En la brecha entre Realidad A y Realidad B, en la inversión de realidades, ¿en qué medida podríamos preservar nuestros valores recibidos y, al mismo tiempo, qué tipo de nueva moral podríamos llegar a parir? Este es uno de los temas de mi trabajo. Dediqué tres años a escribir esta historia, tiempo durante el cual simulé en mí su mundo hipotético. El caos sigue ahí, en perfecta forma”.

Si quieren disfrutar de un adelanto del Libro 3 de 1Q84, hagan click aquí, y el texto completo publicado por The New York Times, lo pueden leer en su versión traducida al español por La Vanguardia.


miércoles, septiembre 14, 2011

Carlos Fuentes o el canon de un envidioso senil


En 1994 Harold Bloom encendió la polémica con la publicación de su célebre The Western Canon: The Books and School of the Ages (El canon occidental: La escuela y los libros de todas las épocas). El canon reivindicado por el renombrado profesor de Yale fue tildado, entre otras cosas, de «masculino» y «blanco», y suscitó reacciones en contra, tanto de derechas como de izquierdas, tendencias a las que Bloom señaló como responsables de politizar los estudios y la crítica literaria, dejando a un lado la lectura cuidadosa y el análisis centrado en los valores tradicionales de la literatura.
A partir de esa fecha, se han sucedido las propuestas de autores, estudiosos y críticos, todos planteando su proyecto de canon. Y, como era de esperar, cada nueva propuesta tenía seguidores y detractores. Pero en todas resultaba evidente la intención de consignar a los imprescindibles, el afán totalizador y la voluntad por integrar el inventario definitivo de las letras universales. Y la cosa marchaba y los lectores apenas nos atrevíamos a sugerir uno o varios títulos, para ampliar el registro.
Sin embargo, el 27 de agosto de 2011, en la edición de Babelia, el mexicano Carlos Fuentes se aventuró a pergeñar un canon tan endeble como polémico en el artículo “Estirpe de novelistas”, destinado a presentar/justificar su última elucubración titulada La gran novela latinoamericana, cuya lectura viene a confirmar su debacle intelectual, triste condición de la cual ya había ofrecido adelantos con la publicación de mamarrachos tales como Instinto de Inez, La silla del águila, Todas las familias felices o Adán en Edén –adefesios situados a años luz de La región más transparente, de La muerte de Artemio Cruz o de la magistral Terra nostra– así como en sus lamentables opiniones sobre el golpe de estado en Honduras, avalando las elecciones de noviembre de 2009.
La “lista” que se atrevió a ventilar en Babelia como apéndice del texto arriba mencionado, revela a un Fuente senil y atrabiliario, corroído por la envidia malsana, colocando a brillantes medianías –Missana, Fontaine, Franz o Padilla– que se han granjeado su apego a través de una devoción casi lacayuna, por encima de talentos incuestionables como Ricardo Piglia, Sergio Pitol, David Toscana, Rodrigo Rey Rosa, César Aira, Eduardo Halfon, Alan Pauls, Edmundo Paz Soldán o Alberto Fuguet…pero la omisión más lamentable es la de Roberto Bolaño, a quien no incluyó en su texto alegando que: “es mi libro y mi selección. Es como una novela y en ellas están mis preferencias y rechazos, y a Bolaño no lo he leído y no lo puedo incluir”.
Para leer el artículo completo de Fuentes hacer click aquí, y además recomendamos echar una ojeada al comentario light del narrador peruano Iván Thays.

jueves, septiembre 01, 2011

Trabajadores de la cultura se manifiestan contra ejecuciones en el Bajo Aguán


Sobre las ejecuciones de campesinos y líderes populares en el Bajo Aguán y el acelerado deterioro de la situación de los derechos humanos en Honduras

“Este es el momento en que callar es un crimen”

Froylán Turcios

“Quien mira cometer un crimen y lo calla, lo comete”

José Martí

“Guardar silencio es compartir el crimen”

José Adán Castelar


 
A la comunidad nacional, al gobierno de la república y a la comunidad internacional:
Los regímenes surgidos después del golpe de Estado de junio de 2009, ungidos por el gobierno norteamericano, por la camarilla empresarial que ha saqueado el país y por las iglesias fundamentalistas, han reeditado la represión que, en la década del ochenta, sumió a Honduras en el dolor.
Si ayer un militarismo fanático, fascista y brutal entrenó y formó grupos de asesinos para que secuestraran, mataran y desaparecieran selectiva y clandestinamente a dirigentes populares y políticos, hoy, ese militarismo que por muchos años se mantuvo larvado, reeditado quizás ahora con mejor equipo y mayores entusiasmos antipopulares, ha vuelto a la luz para emprender tareas de exterminio en el lugar que les señalen.
En el campo y la ciudad, en las manifestaciones de ciudadanos indignados por la crisis y el golpe, en los desfiles de estudiantes y maestros, allí donde haya una protesta de gente libre, se hace presente el aparato de muerte con las tanquetas, los fusiles, las bombas, las pistolas bajo el falaz argumento de que -sometidos al imperio del orden dominante y el silencio fraguados por las armas- florecen el progreso, la democracia y la convivencia.
Justo cuando se suponía que tenía que mejorar esa situación, a raíz del Acuerdo de Cartagena y cuando los presidentes de Honduras y Colombia declaran que se está cumpliendo con el compromiso de respeto a los derechos humanos, los hechos sangrientos de los últimos días revelan una involución, especialmente porque se ha criminalizado al movimiento campesino señalando la existencia de vínculos con fuerzas guerrilleras entrenadas y financiadas por gobiernos extranjeros y con narcotraficantes cuyos socios son otros.
Si la situación es grave en todo el país, en el agro y especialmente en la región del Bajo Aguán, es insostenible. El cómputo de los muertos ya sobrepasa al medio centenar.
El envío de contingentes militares regulares pretende desviar o desdibujar la responsabilidad de las Fuerzas Armadas en la presencia de escuadrones de asesinos y en la protección a elementos represivos de índole particular que campean en la región y los cuales se conocen por su vocación provocadora y homicida. Asimismo, la forma cómo se está manejando el problema permite deducir que lo que se busca es agotar la capacidad de lucha de los campesinos para imponer una solución mediatizada que privilegie los intereses de grandes empresarios del agro en la zona.
Pero la ceguera del gobierno, sus compromisos con la gran empresa y su desconocimiento de las leyes sociales les impide ver que, en la lucha campesina, no habrá agotamiento y que, de no encontrarse pronto una solución justa y democrática a la problemática agraria, la región del Aguán puede convertirse en la puerta de entrada para acciones de mayor envergadura en donde estaría comprometido todo el futuro del país.
Se ha llegado a  una etapa clave en la escalada violenta; un momento dramático y sangriento que nos obliga, a los firmantes académicos e intelectuales, artistas y creadores de las más diversas filiaciones, a denunciar el comportamiento vil de las fuerzas que pretenden resolver los conflictos estructurales latentes de nuestra sociedad por la vía del crimen político, del asesinato a sangre fría y la intimidación de las organizaciones.
Nos escandaliza, también, que, pese a la evidencia, la generalidad del sistema mediático, identificado con el golpe de estado y que repite las líneas de la propaganda oficialista, desestima los síntomas de degradación social y política y continúa fingiendo que aquí no pasa nada. Así, los feminicidios se imputan, como dice la policía, al perfil de las víctimas; se afirma que los crímenes contra los líderes populares son producto de la delincuencia común; se vinculan al narcotráfico o son el resultado de riñas intestinas. Se ha llegado, incluso, al extremo de minusvalorar o tergiversar el asesinato de un estudiante adolescente que participaba en una manifestación pacífica en el portón de su escuela.
Los crímenes permanecen en perfecta impunidad y se reproducen cada vez con mayor saña y crueldad, en el marco de una estrategia para infundir el miedo, castrar el ánimo batallador de nuestro pueblo y matar su esperanza.
Entendemos la importancia de la agroindustria y de la seguridad jurídica, que solo puede establecerse sobre una ley consensuada. No pretendemos dictar líneas de política, sino llamar la atención sobre el salvajismo con el cual se pretende sofocar las justas demandas sociales. La violencia incontrolable supone un Estado incapaz de mantener el orden y garantizar la convivencia, atributos sine qua non de la soberanía y la legitimidad.
Por lo anterior, los abajo firmantes, urgimos a la comunidad internacional y nacional a pronunciarse contra el desangramiento permanente que ocurre en el Bajo Aguán. Cada vida segada en aras de satisfacer los intereses de la oligarquía nacional y de sus vínculos transnacionales económicos y políticos, es un crimen más de lesa humanidad que aleja la posibilidad de reconstruir la convivencia.

Rodolfo Pastor Fasquelle, historiador; Darío A. Euraque, historiador; Teresa de Maria Campos, antropóloga y artista; Helen Umaña, escritora; Isadora Paz, socióloga y artista de la danza; Aníbal Delgado Fiallos, sociólogo; Mario Gallardo, escritor; Rafael Murillo Selva, dramaturgo y director teatral; Mario Ardón Mejía, antropólogo; Adrienne Pine, antropóloga; Armando García, escritor y fotógrafo; Geraldina Tercero, antropóloga; Roberto Quesada, escritor; Lucy Pagoada, profesora universitaria; Manuel de Jesús Pineda, escritor; Roxana Pastor Fasquelle, educadora; Guillermo Mejía, periodista; Eduardo Bähr, escritor; Suyapa Portillo, historiadora; José Antonio Fúnes, escritor; Dana Frank, historiadora; Julio Escoto, escritor, Patricia Murillo, periodista; Gustavo Larach, historiador; María de los Ángeles Mendoza, historiadora; Allan Fajardo, sociólogo; Anarella Vélez, historiadora; Emilio Guerrero, escritor; Jorge Martínez, escritor; Sergio Raúl Rodríguez, músico; Víctor Manuel Ramos, escritor; Gustavo Zelaya, filósofo e historiador; Rosa María Messén Ghidinelli, socióloga; Jorge Amaya Banegas, historiador; Daniel Reichman, antropólogo; Oscar Puerto Posas, economista; Russell Sheptak, historiador; Rosemary Joyce, antropóloga; Mauricio de Maria Campos, economista y diplomático; Candelario Reyes, teatrista y gestor cultural;, Iris Mencía, poeta y periodista; Joaquín Portillo, historiador; Rebeca Becerra, escritora, Isbela Orellana, socióloga; Omar Pinto, artista; Edgar Soriano, historiador; Thomas Conteris, periodista; Tito Estrada, dramaturgo;  Natalie Roque, historiadora; César Lazo, periodista y escritor; Fabricio Estrada, poeta; Ricardo Salgado, politólogo; Soledad Altamirano, poeta; Rodolfo Pastor Campos, politólogo y diplomático; Lety Elvir, escritora.
Honduras, 1 de Septiembre 2011

English version
On the murders of campesinos and popular leaders in the Bajo Aguán region and the accelerated deterioration of human rights in Honduras

This is the moment in which silence becomes a crime.
Froylán Turcios

He who witnesses a crime and remains silent, commits it. 
José Martí

To remain silent is to share in the crime.
José Adán Castelar


To the national community, the government of the Republic and the international community:
The regimes that arose from the June 2009 Coup d'État, annointed the the U.S. government, the business lobby that has ransacked the country and fundamentalist churches, have brought about a resurgence of the repression that in the decade of the 1980s, plunged Honduras into suffering.
If yesterday it was a fanatical, fascist and brutal militarism that trained and formed groups of assassins to selectively and clandestinely kidnap, kill and disappear popular leaders and politicians, today, that militarism that for many years lay dormant, enhanced with better equipment and greater antidemocratic enthusiasm, has returned to undertake the task of extermination wherever it is directed.
In the country and city, in the protests of citizens outraged by the crisis and the coup, in the students' and teachers' marches, wherever free people gather to protest, the apparatus of death is brought in with armored cars, rifles, teargas canisters, and pistols under the fallacious argument that it is through the rule of law and silent acquiescence forged by arms that progress, democracy and coexistence flourish.
Just when the situation was supposed to improve based on the Cartagena Accords and when the presidents of Honduras and Colombia had declared that the promise to respect human rights is being kept, the bloody acts of recent days have revealed a regression, in particular because the campesino movement has been criminalized through allegations of ties with guerrilla forces trained and financed by foreign governments.
While the situation is dire throughout the country; in the agricultural sector and particularly in the Bajo Aguán region it is unsustainable. The death count, since the date in question [June 28, 2009?], has surpassed 50.

Sending military forces is an attempt to distract from or blur the responsibility of the Armed Forces for the presence of death squads and in the protection of the repressive forces stationed in the region and known for their particularly provocative and homicidal vocation. Likewise, the way in which the problem is being addressed allows us to deduce that what is being sought is to exhaust the campesinos' ability to fight in order to impose a predetermined solution privileging the interests of large agri-business owners in the region.
But the blindness of the government, its commitment to big business and failure to recognize civil rights laws prevents it from seeing that, in the campesino struggle, the ability to fight will not be exhausted and that, in the absence of a just and democratic solution to the agrarian problem in the near future, the Aguán region could open the floodgates for actions of greater magnitude that would threaten the future of the entire country.
The escalation of violence has reached a key stage; a dramatic and bloody moment that obligates us, as academic and intellectuals, artists and creative workers of the most diverse affiliations, to denounce the vile behavior of the forces that attempt to resolve the latent structural conflicts in our society through political crimes, cold-blooded murder and intimidation of grassroots organizations.
Additionally, we are shocked that, despite all the evidence, the majority of the media, identified with the coup d'état and dedicated to repeating the official propaganda line, ignores the symptoms of social and political decay and goes on pretending that nothing is happening. As such, femicides are blamed, as the police state, on the victim; crimes against leaders of popular movements are unquestioningly attributed to common crime, drug trafficking or internal battles. They have even reached the extreme of brushing aside and distorting the facts behind the murder of an adolescent student who was participating in a peaceful protest at the entrance to his school.
These crimes continue to be met with total impunity and are carried out with greater and greater viciousness and cruelty, within the framework of a strategy to instill fear and neutralize our nation's will to fight.
We do not aim to dictate a political economic or social course of action, but rather to call attention to the savagery being used to stifle fair and just social demands. Violence indicates a State incapable of governing, maintaining order and protecting our coexistence, attributes that are the sine qua non of sovereignty and legitimacy.
In view of the above, we urge the national and international community to take a stand against the permanent bloodshed happening in the Bajo Aguán. Each life cut short for the sake of satisfying the interests of the national oligarchy and its transnational economic and political ties, is one more crime against humanity that distances us further from the possibility of rebuilding our coexistence.

domingo, julio 10, 2011

Bolaño: Sinsabores post mortem



¿Cómo afrontar los enredos editoriales y las intrincadas manipulaciones que sufren, post mortem, los “papeles” de Roberto Bolaño? Tal vez el mejor consejo sea mantener a toda costa la cordura, el sentido común, antes de caer cual vulgares “lectores hembras” en las garras de la trinca integrada por la viuda Carolina López, y los editores realmente viscerales Herralde & Wylie, decididos a publicar cualquier hoja surgida de la máquina de escribir y/o el ordenador del malogrado escritor chileno.

El último caso es la “novela” Los sinsabores del verdadero policía, publicada por Anagrama en enero de 2011. Antes de analizar el texto en sí, hay que empezar por los marginales: Según informa la viuda del escritor, Carolina López, en una nota editorial al final del libro, la novela está integrada por tres escritos: “Los sinsabores del verdadero policía” y “Asesinos de Sonora”, de 50 y 100 páginas respectivamente, localizados en el ordenador del escritor. Además, hay un escrito, en parte mecanografiado con una máquina de escribir eléctrica y en parte impreso desde un ordenador sin archivo informático, de 135 páginas. Este último texto mecanografiado, y cuyo título es también “Los sinsabores del verdadero policía”, es “una novela completa de 283 páginas, clasificada en siete carpetas, cinco de las cuales se encontraban en la mesa de trabajo del autor, junto con otros materiales relativos a 2666, en tanto que las otras dos partes se descubrieron al organizar su legado”.

Mientras que en la contraportada se insiste en que ya aparecen su estilo y su territorio literario pese a su carácter de obra de juventud y que “sus historias y personajes transitan por otras novelas de Bolaño como Estrella distante, Llamadas telefónicas, Los detectives salvajes y 2666, cuyo centro oculto quizás podría estar constituido por la presente novela. Además, comparten algunos de los personajes, como Amalfitano, su hija Rosa y Arcimboldi.”

Por su parte, el editor Jorge Herralde ha asegurado en declaraciones a Efe que “la lectura de la novela nos convence de que estamos ante una obra de una calidad literaria extraordinaria, en el territorio de 2666 y Los detectives salvajes, es decir, del Bolaño en su mejor forma”. Un territorio literario en el que, como puntualiza Herralde, ya aparece “el gran Bolaño de la madurez” y persiste “el joven Bolaño poeta”.

Y en el prólogo de la obra, el crítico Juan Antonio Masoliver Ródenas señala que Los sinsabores del verdadero policía, como 2666, es “una novela inacabada, pero no una novela incompleta, porque lo importante para su autor no ha sido completarla sino desarrollarla”. La gran aportación de Bolaño a la literatura es la “provisionalidad”, sostiene Masoliver, “una escritura visionaria, onírica, delirante, fragmentaria y provisional” que rompe con la realidad tal como se había entendido hasta el siglo XIX.

No es necesario ahondar demasiado para detectar la endeble consistencia del galimatías que opone "inacabada" a "incompleta" y "completar" a "desarrollar", pero lo cierto es que la tal tesis de la “provisionalidad” rápidamente pierde validez para cualquier lector medianamente familiarizado con el universo narrativo de Bolaño, al que resultará más que evidente que  estos “sinsabores” no son más que notas, fragmentos y capítulos apartados de esa opus magna denominado 2666. Para el lector de 2666 es obvio que estas páginas fueron apartadas para que esta novela de novelas tuviera la mínima unidad necesaria ante el riesgo inminente de la dispersión. De hecho, el hipotético hilo central de Los sinsabores que bien pudiese ser la historia de Amalfitano, al ser contrastado con la segunda sección de 2666, revela que esas páginas no son más que una suerte de elementos no cardinales que debieron ser relegados de la versión final a fin de que 2666 mantuviera esa condición de “tejido sutil de motivos recurrentes”, como la define en la “Nota a la primera edición” el crítico Ignacio Echevarría.

En cuanto a la mini saga de Pancho Monje, hijo de la dinastía de las Expósito, que aparece como centro narrativo del capítulo “Asesinos de Sonora”, resulta claro que se trata de un apéndice edulcorado y provisional en el que apenas se puede entrever la escalofriante densidad de “La parte de los crímenes”, verdadero descenso a los infiernos de Santa Teresa donde Bolaño despliega uno de los acercamientos más descarnados al tema del mal, uno de los ejes de su narrativa más lograda.

Para cerrar este brevísimo e incompleto (¿o inacabado?) comentario, no se puede pasar por alto este fragmento que queda como anillo al dedo para “El discreto encanto de la H”:

“Después de cincuenta solicitudes de trabajo y de molestar a los pocos amigos que le quedaban, la única universidad que se interesó por los servicios de Amalfitano fue la de Santa Teresa. Durante una semana entera Amalfitano dudó si si aceptar o esperar junto al buzón la llegada de una oferta mejor. En lo relativo a la calidad sólo eran peores una universidad guatemalteca y otra hondureña, aunque ninguna de estas  dos se dignó siquiera a rechazar por escrito su candidatura.”
(R. Bolaño, Los sinsabores del verdadero policía. p. 51.)

jueves, junio 02, 2011

Los niños artistas de "El Oro"



De la pluma de nuestro amigo Delmer López, teatrista talentoso e infatigable gestor cultural, nos llega esta crónica hermosísima sobre unos niños de "El Oro" –jurisdicción de Nueva Frontera, el municipio de más reciente creación en Honduras– quienes pese a la oposición de algunos “adultos”, crearon un mural donde rinden homenaje al entorno natural, a las tradiciones y costumbres de su comunidad. En medio de la incomprensión casi generalizada, estos pequeños reivindicaron su derecho a expresarse a través del arte, contando con la colaboración del facilitador del taller, el poeta y artista Samuel Trigueros. La obra será inaugurada el 5 de junio, y en esa fecha se decidirá si pasa a ser declarada oficialmente como “Patrimonio artístico-infantil municipal” de "El Oro", aunque, como bien señalara uno de los pequeños artistas, ese mural ya pertenece a la historia

Arte infantil en las profundidades de Honduras

Una quebrada, un rio, cuevas, cerros color esmeralda, azules o grises; vestigios de culturas ancestrales, hermosos bosques de pinos que cubren de verde solemne la serranía; cielos púrpuras, rosados o de fantásticos matices; aire limpio, animalitos de la creación, flores y frutos de la tierra: todo esto forma parte del ambiente de muchas comunidades de la geografía hondureña, de la riqueza natural de nuestro país. A todo ello agréguele gente trabajadora y franca como ninguna, historias que definen la identidad del pueblo y un mural que cuenta, en lenguaje pictórico infantil, toda esa maravilla y podrá decir usted que conoce la comunidad de El Oro, en Nueva Frontera, el municipio de más reciente creación de Honduras.

Ubicado en la parte occidental del departamento de Santa Bárbara, junto a la línea limítrofe de Honduras y Guatemala, El Oro se alza imponente, entre montañas cubiertas de pino y bosque latifoliado que brindan amorosa cobertura a las plantaciones de café. Más allá de los ecos de una convulsión social que poco a poco encuentra su cauce de salida, todo era normal en esta comunidad, hasta que a la Comisión de Acción Social Menonita (CASM) se le ocurrió que era buena idea llevar al poeta y pintor Samuel Trigueros para desarrollar con las niñas y niños de El Oro un taller sobre murales comunitarios, el cual culminaría con la decoración total de más de cincuenta metros de pared del muro perimetral de la Escuela Juan Lindo de esa jurisdicción. A partir de ese momento, algo habría de cambiar para siempre en este rincón profundo de Honduras.

Inicialmente, la idea de CASM fue brindar a la niñez de El Oro una oportunidad directa de expresar sus pensamientos y sentimientos a través del arte, mediante la realización de un mural que contribuyera a sensibilizar a la población acerca de la importancia de preservar la riqueza ambiental; sin embargo, lo que sucedió fue más allá de este propósito.


Los preparativos

Semanas antes de que el artista facilitador llegara a El Oro, jóvenes y adultos de la comunidad ayudaron a los niños a lavar el muro, que hasta ese momento permanecía polvoso y triste. Luego de limpiar la superficie, se cubrió con una base blanca como la inocencia infantil. Desde ese momento, la gente de El Oro, San José de Tarros, Buenos Aires y demás comunidades cercanas, supieron que algo iba a ocurrir en aquel muro que poco a poco se iba transformando con la alegría y acción de esos “locos bajitos”, como llama Serrat a los niños y niñas en sus canciones. Simultáneamente, en el poblado contiguo de Trascerros, jóvenes y adultos realizaban otro mural, cuyo proceso quedaría inevitablemente entrelazado a lo que ocurriría en El Oro.

Cálido recibimiento

El abrazo del astro rey y la sinceridad de las miradas y saludos infantiles crearon la atmósfera de entusiasmo con que fueron recibidos Samuel Trigueros, facilitador del proceso de elaboración del mural, y Delmis Licona, coordinadora regional de CASM. Maestros y padres de familia también participaron de este encuentro y de la presentación de imágenes y conceptos básicos sobre muralismo comunitario que el facilitador ofreció en su charla inicial.

A partir de ese momento, el tema que niños y niñas analizaron fue el ambiente de su comunidad, sus riquezas naturales, la historia y leyendas que cuentan los abuelos -llenas de cadejos, Sucias, personajes de luz o de sombra, duendes y otros seres fantásticos que habitan bosques, cuevas y fuentes de agua-, las amenazas humanas a las que diariamente se enfrenta y lo que podemos hacer para salvar esos tesoros naturales, de modo que podamos disfrutarlos como parte de la única casa que tenemos para habitar como género humano: el planeta Tierra.

Algunos adultos ya habían dictado a los niños lo que debía pintarse en el mural. Esta situación fue el primer aviso de la reproducción de esquemas impositivos y esclavizantes que tradicionalmente practica quien tiene más poder en cualquiera de los campos de la vida, se trate de maestros y alumnos, hombres y mujeres, gobernantes y gobernados o adultos y niños. Por tal razón, el facilitador propuso un proceso liberador de la imaginación y del pensamiento crítico propio de los niños y niñas.

Luego de que -mediante análisis y consenso- los infantes decidieron qué pintarían, procedieron a realizar los primeros dibujos de cada elemento que plasmarían en el mural infantil sobre el ambiente de su comunidad. Fue así que de sus manos, experiencias e imaginación de niños fue surgiendo la quebrada del Copante que transcurre, clara y fresca, junto al viejo y gigantesco Ceibón cubierto de hojas acorazonadas, helechos y cantos de pájaros; los montículos y chozas que se rumora son vestigios de construcciones antiguas donde habitaron los primeros pobladores de El Oro, el bejuco mágico que hace a los caminantes o jinetes perderse en el bosque si ante su presencia no se dice: “Ya te vi”; la iglesia y su santo, San Isidro Labrador, que es llevado en procesión mientras la marimba toca la música que danzan hombres y mujeres ataviados con trajes típicos; el “Cerro de la cruz”, soles que extienden sus rayos y los mezclan con la vida de la comunidad; las lavanderas y, sobre todo, la gente “oriando”, lavando oro en el cauce de la quebrada. De ahí el nombre de la comunidad: El Oro.


Frente al muro

Con la orientación del facilitador, los niños y niñas se encargaron de seleccionar, entre cientos de dibujos hechos por ellos mismos, los que pasarían a ser parte permanente del mural. Luego hubo que enfrentarse al muro blanco, tal como lo hace el poeta ante la página en blanco, como lo hicieron los primeros padres y madres creadores ante el vacío del cual sacaron todo lo que ven nuestros ojos, incluyendo a la mujer y el hombre, a veces de barro, a veces de maíz. Frente a ese muro blanco, las niñas y niños siguieron recibiendo instrucciones técnicas y estímulos humanos para realizar el mural con toda la capacidad infantil de que eran capaces. Se trataba de aplicar todos los conocimientos que, apretadamente, se construyeron en una semana de proceso; pero también de compartir el espacio colectivo del mural poniendo en práctica valores humanos como el respeto, la solidaridad, el compañerismo, la honestidad, la disciplina y el orden; con libertad imaginativa, sin imposiciones adultas, permitiéndoles ser los protagonistas de su propia experiencia, sin necesidad de ventrílocuos que hablen por ellos.

Los dibujos seleccionados, que primero hicieron en páginas tamaño carta, fueron ampliados por ellos mismos en el muro blanco, con tizas de colores, con pinceladas delineadoras, con colores acordes a la realidad y con otros que expresan su profunda vocación y necesidad de transformar el mundo y hacerlo a la medida de sus sueños y esperanzas, del color de su imaginación. Por supuesto que sus dibujos y colores no son como los de los adultos. No son mejores ni peores a los de alguien de más edad; sencillamente son diferentes, son voces infantiles que piden ser escuchadas tal como son, con el mismo respeto que merece cualquier ser humano. El mismo texto bíblico señala en Corintios 13:11: “Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño”. Esta verdad natural se aplica al arte infantil, de tal manera que no se debe exigir a los niños que pinten como adultos, puesto que son niños y como tales se expresan. Hace falta que respetemos su derecho a expresarse libremente y que les apoyemos en su camino hacia la madurez, para que no se conviertan en los seres amargados y grises en que a veces nos convertimos los adultos.

Pero no era esto lo que querían ver reflejado en el mural muchos adultos de El Oro. Teniendo como referente el mural realista que se estaba realizando en Trascerros, muchos habitantes, incluso padres, madres y maestros de los propios niños, querían que ellos pintaran escenas realistas, fotográficas. Pero el mural de Trascerros era realizado por personas de más edad que los niños y niñas de El Oro, seleccionados por su vocación para las artes plásticas, con un proceso de tres meses de taller. En cambio, los niños que pintaron el mural de El Oro lo hicieron en tan sólo una semana de taller, sin criterios excluyentes de ningún tipo.

Aún contra las expresiones agresivas y descalificatorias de mucha gente de la comunidad, contra la burla e, incluso, contra las amenazas de un maestro que ofreció donar pintura blanca para borrar los dibujos, los niños y niñas siguieron pintando día tras día, bajo el sol inclemente, entre las nubes de polvo que les cubrían cada vez que un autobús pasaba junto a ellos por la carretera polvorienta a dos metros del mural. La agresión fue creciendo, al punto de ser necesario convocar a los pobladores de la comunidad, a los padres y madres de familia, a los maestros, a la coordinadora de CASM, a los infantes y a la alcaldesa de Nueva Frontera.


Una reunión para la historia

Todos estaban en la reunión que se convocó para discutir la existencia del mural infantil en la Escuela Juan Lindo de El Oro, Nueva Frontera, Santa Bárbara, Honduras. Todos, excepto los maestros que, como dijo una niña, “brillaban por su ausencia”. Mucho se dijo a favor y en contra del mural que los niños realizaban para sensibilizar sobre la importancia de cuidar el ambiente. Literalmente, unos cargaban pistolas al cinto y otros lanzaban palabras mortales; pero también había voces de firme defensa de la expresión infantil y sus derechos humanos. No faltó el que quiso quedar bien con Dios y con el diablo. El facilitador y la representante de CASM ofrecieron explicaciones sobre los objetivos, pasos y naturaleza del mural infantil. Por ratos, la discusión se oía a lo lejos como una batalla. Los niños y niñas fueron ametrallados a preguntas que respondieron con toda dignidad y valentía. Una niña retó a los adultos que atacaban el mural: “Si quieren borrar el mural, bórrenlo, pero lo que no van a poder borrar es la experiencia que vivimos, porque ese mural no solo está ahí (señalando el muro de bloques rústicos), sino que también está adentro de nosotros y ahí no lo pueden tocar”. El más pequeño de los muralistas repitió lo que ya había dicho a su madre cuando esta le preguntaba por qué seguía pintando si tanta gente les decía que eso no servía: “Porque yo quiero estar en la historia de El Oro”.

Con esas palabras contundentes, salidas de bocas y corazones infantiles, la alcaldesa de Nueva Frontera, Delmy Reyes Corea, dirigió una votación abierta para decidir por mayoría si el mural podía ser terminado o si se aceptaba la pintura blanca que, “generosamente”, alguien que debía ser aliado y no contrincante de los niños había ofrecido para borrarlo. Tal vez por primera vez en la historia de El Oro, los niños y niñas de la comunidad eran el centro indiscutible de atención. La decisión de la mayoría asistente fue que el mural se terminara como estaba planificado.


Celebración del arte

Los últimos retoques que el mural necesita están siendo dados por los niños de El Oro. Una capa protectora le será aplicada en los próximos días; pero la verdadera protección de este mural infantil comunitario para la sensibilización ambiental será lograda el 5 de junio, cuando los pequeños muralistas entreguen a la comunidad el hermoso muro decorado que antes sólo polvo y vejez mostraba. En esa fecha, con la presencia de la alcaldesa, Delmy Reyes, la coordinadora regional de CASM, Delmis Licona, el artista facilitador del taller, Samuel Trigueros, y los pobladores de la comunidad, se decidirá si el hermoso mural pasa a ser declarado oficialmente como “Patrimonio artístico-infantil municipal” de la comunidad de El Oro, Nueva Frontera.

La inauguración de esta muestra del arte infantil hondureño será acompañada por Teatro La Siembra, de Trinidad, Santa Bárbara, en una verdadera fiesta donde se espera que niños y adultos sepan respetar su identidad individual y generacional, para que en El Oro brillen la hermandad, el arte y la defensa del ambiente.

martes, mayo 31, 2011

Adiós a un amigo. Por Eduardo Bähr



La amistad
(Para Roberto Sosa)
Eduardo Bähr
Amigo nuevo, como el vino nuevo:
deja que se haga añejo y entonces
lo beberás con deleite.
Eclesiastés.

Hermano, amigo:

Con ocasión del homenaje “Sosa Para Siempre”, que te estaban preparando tus amigos (para un poeta que tiene nombre de escuela), y en el que yo tenía parte, se me vinieron a la mente algunos de los momentos de la amistad que hemos pasado juntos y que, por condiciones peculiares dejaron de ser sitios comunes dragados por el tiempo.

Ahora, que tengo esta caja cubierta de flores frente a mí, con este execrable agujero –oscuridad en el centro de la tierra-; con tu presencia eterna e inasible, se me vienen hacia todos los sentidos:

Recuerdo que, recién iniciada nuestra amistad (1965), hace cuarenta y seis años, llegó hasta la puerta principal de la Escuela Superior del Profesorado un sabio mexicano llamado Juan Octavio Valencia Perla preguntando por vos. No había más persona que yo en varios metros y esa circunstancia cambió mi vida para siempre en relación con el que ha sido, junto con la solidaridad, uno de mis valores preferidos y constantes: la amistad. “¿Conoce usted a Roberto Sosa?”, me dijo, al tiempo que fijaba en mí la mirada más dulce y suave que he recibido. “Lo conozco. Es mi amigo”, contesté con un deje ufano… Me contó que era catedrático de la Universidad de Cincinnati y que practicaba terapias alternativas en Long View para mágicos individuos residentes de la luna. Me pareció increíble que una terapia para alienados se pudiese ejercer ¡con poemas de Roberto Sosa!, mas era cierto; y el doctor Valencia Perla lo hacía. Al llevarlo a casa de Sosa comenzó también nuestra amistad indestructible con el hombre sabio.

Recuerdo –entre muchísimos- un hecho de amistad que me conmovió profundamente; y fue la vez en que, hace cuarenta y pico de años, vos y yo discurríamos, acerca de la literatura, la literapura y la literacura en una cantina cercana al cementerio de San Pedro Sula cuando, de pronto, echando una lágrima en el vaso lleno de cerveza, decidiste ir a buscar la tumba de “un amigo”.

Nos adentramos a medianoche en punto en la oscurana herida por los fuegos fatuos que emitían los difuntos hacia la superficie de su rescoldo –desventurado- y, mientras tratábamos de leer en la fosforescencia de la cruces y las flores algún nombre que nos tocara el corazón, nos precipitamos, sin comedimiento y sin desearlo en el hoyo que más recientemente habían abierto manos piadosas para enterrar a un ser querido al día siguiente.

Hubo chillidos y gritos de espanto, pero ninguno era nuestro. Tan sólo por el viento que aullaba y los movimientos despavoridos que provocaron sus sombras al huir, nos enteramos –más tarde- de que habíamos terminado sobre un grupo de bolos consuetudinarios que dormía plácidamente la mona y que, tan de repente y en medio del azufre de la espesa noche, supusieron que el mismísimo Satanel y todos los demonios del averno al mando de Belcebot, con su cohorte de Erinias, les había caído encima…

Como no encontramos lo que buscábamos regresamos a la bodega de los nepentes cerveciles y nos atacamos de la risa. Esa vez, entre lágrimas, nunca supimos cuánto llanto correspondía a la hilaridad del sin par suceso y cuánto a la pena de no haber rezado un poema de beodo impenitente frente a la lápida que buscabas, la de tu amigo, de tu padre…

Por aquello pasado y por tu homenaje-despedida actual, decidí decir estas líneas, que te dedico con mi abrazo y mi cariño fraterno:

Preocupado Sócrates por precisar el sentido y alcance de algunas palabras cotidianas, decide  su intención, su esfuerzo, por saber en qué consiste ser amigo. Así que en la bulliciosa atmósfera de la Palestra, con  cuatro jóvenes atenienses dialoga acerca de la amistad.

Discuten agitadamente; recurren al paradigma social de parejas históricas o legendarias para ponderarla: Aquiles y Patroclo, Diómedes y Ulises, Teseo y Piríteo, Orestes y Pílades, Damón y Pitias. “Amigos son, dice alguien, los que caminan juntos”. Siguen discutiendo,  hasta que llegan a considerar a la amistad como la virtud y el motor de la actitud ética. De pronto, otro dice:

«Hay algo que yo deseo desde muy niño. Algunos desean muchas cosas... poseer caballos, perros; otros ansían oro, honores... A mí, por lo contrario, todas esas cosas me dejan frío; pero tener amigos me apasiona. Tener un buen amigo me gustaría más que la mejor codorniz o el mejor lechón del bosque e, incluso, por Zeus, más que disponer del mejor caballo o del mejor perro creo que preferiría, con mucho, tener un amigo a disponer de todo el oro de Darío y los elefantes guerreros de la India. ¡Tan amigo de los amigos soy!»

Los demás contestan, con una interrogante colmada de subjetividad: Pero, ¿quién es amigo de quién? Para esta pregunta no hallan respuesta. Sócrates  piensa que los contertulios  no la han encontrado porque el camino, el método de búsqueda, no es el correcto. Se preguntan: ¿Habrá que buscar la afinidad de los amigos en la bondad? Amistad y bondad ¿Será éste el horizonte adecuado para la indagación acerca de la amistad? Asumen que la amistad apunta a lo más propio y próximo y no acontece sin reciprocidad. ¡Cuántas interrogantes!, (dicen  en voz alta).

Entonces el más viejo, de manera inesperada, concluye: ¿Será porque no vale la pena razonar acerca de la amistad y, simplemente, lo más importante, lo crucial, es hacerse amigos al caminar? Esta sencilla parábola es propicia para  hacer unas breves reflexiones acerca de este tema, no sin antes preguntarnos, sin esperar respuesta, por qué existen férreas e indisolubles amistades, que los demás no entienden:

Cómo es posible, dice la gente,  que Gabriel García Márquez, quien a través de sus novelas ha descrito con maestría a personajes de generales, tiranos y caudillos, fascinado por sus mundos y artificios y ridiculizado de manera sangrienta sus palacios dictatoriales en cuyas escaleras de mármol se cagan las vacas, por un lado;  y por otro, Fidel, estadista experimentado, con más de medio siglo en absoluto ejercicio del poder, acostumbrado a lidiar con estrategias, embargos y atentados, y a hacer uso de cuantos instrumentos y recursos sean posibles para defender su revolución, hayan podido conducir su amistad, dirigir un barco, del que valientes marineros como Saramago han desertado mediante duras admoniciones como: “Desde ahora en adelante Cuba seguirá su camino, ¡yo me quedo!”.  Por qué, se preguntan. Mientras el propio Gabo parece responder con la sencillez de quien defiende la amistad por sobre todos los valores: “¡Soy de los que se entierran con los amigos!”.

Por qué la amistad eterna entre mujer y hombre, real o ficticia, en camino hacia la posteridad, cuando pudieron haber sido sólo amantes: Bolívar y Manuela, Napoleón y Josefina, Morazán y Josefa, Julieta…  Aquí es donde recuerdo que de manera general, la amistad ha sido dilucidada por el pueblo, por la gente sencilla,  muchas veces con desconfianza: Amigos verdaderos, un palo y un perro. A mi amigo soy leal, hasta el umbral. Amigo mientras te lo digo, que una hora después, otra cosa es. Antes burro con cuernos que amigo perfecto… A veces asociándola con el interés: Quien a pobreza viene, amigos no tiene. Cuentas claras, amistades largas.

Sin embargo, desde su propio signo, la amistad ha permanecido casi siempre idealizada. Sus más cercanos sinónimos suelen ser: lealtad, fidelidad, adhesión, perseverancia y solidaridad. Por fe, se dice que un amigo es permanente en los buenos y en los malos tiempos, cuando nos defiende del mundo. En definitiva, todos hemos vivido la experiencia de encontrar a un viejo amigo después de muchos años y descubrir que somos capaces de renovar nuestra amistad como si el tiempo sólo hubiese durado unos minutos.

No debe ser por nada que las frases más agradables del pensamiento universal pertenezcan al concepto de la  amistad: La amistad resplandece mejor cuando todo ha oscurecido. Un hermano puede no ser un amigo, pero un amigo será siempre un hermano. Amigo, el que se ríe de tus chistes, aunque sean pésimos; y le duelen  tus problemas, aunque no sean graves.
O, como las dicen eternos autores: Paul Bourget: Amistad noble, obra maestra a dúo. Aristóteles: Amigo fiel,  un alma en dos cuerpos. Lord Byron: La amistad es el amor, pero sin sus alas. Jorge Guillén: Amigos, nadie más, el resto es selva. O ésta, que me dijo en cierta ocasión el trovador cubano Amaury Pérez, no sin cierto desparpajo: Un amigo es un amigo, chico, hasta que  se demuestre lo contrario… Las hay que rebosan lealtad universal (fe de Humanofilia), como proclama en esta selva llamada Honduras el doctor Juan Almendares, como la de Alfredo Bryce Echenique: Mi patria son los amigos
Por todo lo anterior, querido Roberto, resulta cierto que: Un amigo es una persona con la que se puede pensar en voz alta, porque cuando estamos con un amigo no estamos solos, ni somos dos.
Quizá el tema de la amistad sea inagotable, aunque vos estés en esa caja y llorando yo enfrente; y nunca podamos entender su cercanía con el amor, la lealtad y el respeto, así como sus inherentes contradicciones; pero de algo esta vez, ante esta caja, sí podremos estar seguros:
Cuando se prodiga a favor de la humanidad.  Cuando se firma con sangre como contrato ad perpetuam con los menos protegidos de la sociedad.  Cuando se lanza con ira para que su presencia abofetée a los explotadores y su concepto avergüence a los poderosos. Cuando trasciende y llega a ser de lo poco digno que representa nuestro país. Cuando defiende a los indefensos.  Cuando hostiga a los tiranos. Cuando denuncia y desnuda a los corruptos…

Cuando induce a responder con otro un fuerte abrazo. O, simplemente, cuando se posa en las manos de los seres queridos y se vuelve canción para un gato muerto: Estamos en presencia de la amistad: La amistad de Roberto Sosa.

Tegucigalpa. 23 de mayo, 2011.

jueves, abril 14, 2011

Del parnaso a la maison (prólogo sin censura)




 
Del parnaso a la maison: Apuntes personales para una bitácora colectiva o breve digresión en la que se habla poco de literatura y mucho de la vida, lo que no debe sorprender a los presuntos implicados, quienes leyeron a Verlaine vía Borges y están al tanto de los alcances de la frase et tout le reste est littérature

Mario Gallardo

Para el DRAE no es más que un “escrito antepuesto al cuerpo de la obra”, en tanto que la inefable Wikipedia destaca el carácter literario, tras advertir sobre su condición periférica; no obstante, la naturaleza esencial de un prólogo se afinca en su relación con la historia literaria: “pues con frecuencia ofrece las claves críticas de la interpretación de la obra por su propio autor o por alguien cercano”.

En este caso, no se puede obviar que quien esto escribe también participa en esta muestra y, además de mantener relaciones de amistad, ha seguido con atención el desarrollo de las “inquietudes” creativas de los aquí reunidos; de hecho, al hurgar en mi biblioteca puedo presumir de que ahí se encuentran, prolijamente alineadas en un estante, las primeras ediciones de sus obras con sus respectivas dedicatorias. También puede comprobarse al hojearlas que en la mayoría abundan las anotaciones a lápiz, en un modesto, pero constante, ejercicio de acercamiento en busca de encontrar sus señas de identidad.

Partiendo de tal antecedente habría que comenzar por afirmar que, desde su título, este libro plantea la idea del viaje, un recorrido espacial que va de nuestro añorado parnaso a la actual maison, que además lleva implícito el elemento temporal: una década, la primera del siglo XXI, que ha servido de marco para los encuentros y desencuentros, tanto literarios como personales, que han definido la vida y obra de los autores aquí reunidos.

Algunos, los más jóvenes y los más recatados, jamás pusieron un pie en el parnaso, ni supieron de la generosidad de sus tacos y sopas, de sus juglares y clerecías, de las interminables conversaciones y disputas con la música de fondo de la lluvia incesante sobre el techo de zinc y los chillidos de las ratas, mientras corrían impávidas sobre las vigas en busca de refugio. Pero queda el mito persistentemente renovado a través de la tradición oral que no deja de volver, una y otra vez, sobre los episodios fundacionales, recreando las anécdotas que todavía atrapan la atención de los desocupados oyentes, a quienes sorprende esa suerte de surrealismo posmoderno que campeaba en tan especial cour des miracles. Asombro que se multiplica al darse cuenta de su prosaica ubicación: en pleno centro de la capital del sudor, al lado de la incombustible Pizzería Italia.

Los peatones pasaban al lado y jamás se percataron (tampoco es que estaban obligados) de que al fondo de ese patio polvoriento, bajo la sombra de un par de árboles, se encontraba una glorieta con piso de madera y techo de zinc, en cuyo desarbolado interior se reunía un grupo de marginales aspirantes a narradores, poetas renegados y locos a discreción, a regocijarse con el descubrimiento de un escritor chileno llamado Roberto Bolaño, a despotricar contra el boom que en comparación se antojaba rancio y trasnochado, salvo raras excepciones. También se planeaban revistas y se soñaba con que un hipotético mecenas asumiría el riesgo incuestionable de publicarlas, pero la mayor parte del tiempo se ocupaba en comentar libros y compartir lecturas, en participar las ofertas más significativas del exangüe mercado editorial del pueblón fenicio donde teníamos el disgusto de malvivir, en el que según Mando no se puede caminar por más de veinte minutos en una sola dirección sin dar de narices contra el monte. Y aunque ese monte nos atosigara, en el parnaso encontrábamos el espacio propicio para respirar, para salir a flote, para sentirnos parte de algo que no tenía que ver con nuestros menesterosos afanes, con la opacidad cotidiana.

En el parnaso aprendimos que no estábamos solos ni éramos tan originales, que compartíamos un gusto por el jazz y que el rock era en música nuestra lingua franca, que Borges y Cortázar nos parecían mas auténticos que García Márquez y Fuentes, que la prosa de Vargas Llosa había envejecido aceleradamente después de La guerra del fin del mundo, que había que leer y releer a Rimbaud, a Baudelaire, a Pound y a los beatnik, también a Girondo, a Vallejo y a Parra, que nuestra educación sentimental estaba en deuda con Bukowski, Miller y Anäis Nin, que Sosa y Turcios estaban sobrevalorados y que había que leer con verdadera devoción a Merren, a Cardona Bulnes y a Martínez Galindo, que era obligatorio estudiar a Roberto Castillo y completar, sin hacer trampas, la lectura de Una función con móbiles y tentetiesos; pero lo más importante es que adquirimos la certeza absoluta de que no se puede aspirar a escribir con honestidad sin antes haberse convertido en un lector impenitente y esforzado.

No todo en el parnaso se regía por el signo de lo libresco, también ocurrían acontecimientos trascendentes: los conciertos de Ricardo y su guitarra de acento desacompasado, el estreno etílico de Gustavo en una noche de marzo y salvavidas a granel, el debate literario en el que Edilberto se ganó el apelativo de Birry The Kid, el maratón cervecero patrocinado por Chávez un sábado antes de semana santa. Tampoco puede olvidarse que el parnaso a veces se trasladaba a nuestro apartamento del edificio María Antonia, donde Rocío se convertía en Frida, mientras el “cetáceo iconoclasta” mostraba sus atributos de baby sitter apaciguando los ánimos de Marito, a quien el fragor de los debates no parecía hacerle mella. Y qué decir de las noches de karaoke en Khalúa’s, con Giovanni emulando a Ricardo Arjona, en veladas que usualmente tenían su obligatorio colofón en “el lugar sin límites”, refugio último de los reyes de la trasnochada.

Fueron varios años de riguroso aprendizaje de vida, de lecturas frenéticas, de noches inacabables, de ríos de cerveza y de escasas “boquitas”; pero en ningún momento la literatura cedió su sitio privilegiado, éramos una secta de lectores empeñados en descubrir sus secretos, afanados en la construcción de un canon desprejuiciado e irreverente, caótico y posmoderno. Nunca tuvo más razón Lyotard al advertir sobre el fin de los metarrelatos: escépticos y reacios ante cualquier imposición, sabíamos que algo estaba pasando (o algo se estaba cayendo) y nos empeñábamos afanosamente en ser espectadores de excepción, ecuánimes cartógrafos de un nuevo orden que venía a refrendar el axioma de corsi e ricorsi, la espiral histórica que planteara Vico.

Este parnaso no fue compartido por todos. De los que integramos esta muestra fuimos habituales Giovanni, Gustavo, Carlos y yo, Jorge realizó visitas esporádicas, mientras que Jessica y José Raúl, enfrascados en sus quehaceres académicos, apenas supieron de su existencia cuando ya había cerrado sus puertas y era evocado con nostalgia en nuestras conversaciones. Darío y JJ estaban dedicados a sus afanes escolares, todavía en pantalones cortos, mientras que Dennis ya los usaba largos, pero persistía en su apuesta al Salinger way of life. Tampoco se puede esbozar una bitácora fiel de ese tiempo sin mencionar a ilustres cofrades parnasianos como Oscar, César, Wilmerio, Kalki, Edilberto, y la mención especial para Ricardo, quien inventó el tomesiano en una de las noches más afortunadas que se recuerdan, cuando se instituyó la academia, que en su sesión inaugural aceptó la única entrada proveniente de otra tradición distinta a nuestro slang: “le trúa le verg”, de inocultable cuño garcíamandiano.

Después vinieron nuevos retos: familias, hijos, amores fallidos, trabajos de supervivencia, estudios, pero también llegaron los premios florales. Fueron los años de nuestro dominio avasallante en Santa Rosa de Copán, intercambiando lugares y seudónimos en estomacal lucha por echarse un par de pesos a la bolsa, pero Gustavo, José Raúl y Giovanni trascendieron las fronteras del pueblón y fueron reconocidos en la culta capital y en la capitanía general. No obstante, parecía que el centro de la capital del sudor nos había atrapado sin remedio, ya que nuestras vidas discurrían en un radio de un par de kilómetros, entre los antros de rigor (Kahlúa’s, Misceláneas, Pedroza, el lugar sin límites, el café infecto americano, Klein), limitados a ese ámbito en razón directa al decreciente vigor de nuestras zancadas y la exigua capacidad de la “motora” de Ricardo, cansada de multiplicarse llevando borrachos al anca.

Ya para la segunda mitad de la primera década del siglo XXI vinieron cambios radicales. Sin abandonar una inveterada propensión a la bohemia marginal, de repente nos hicimos serios y publicamos libros, viajamos, abrimos blogs, adquirimos nuevos empleos y empezamos a encontrar nuestro sitio en el mundo, al grupo original se sumaron los más jóvenes quienes aportaron frescura y buen humor y todo marchaba bien y hasta nos acusaban de vivir en un falso Olimpo, cuando “nos cayó el veinte” de un solo golpe. Y así, de golpe por el golpe, concluyeron nuestras aventuras en Wonderland, mientras veíamos caer las caretas de los falsos amigos, en tanto que el pueblo en resistencia era gaseado y toleteado en plazas y calles, decenas de compañeros caían asesinados y la sombra de la sospecha caía sobre todo aquel que osaba expresar su repulsa ante la mezcla nauseabunda de catolicismo opusdeísta, santurronería evangélica y jerga neofascista que caracterizó al gorilato micheletista.

Y el grupo se amplió, abandonamos el sentido original y atávico de la secta y nos conectamos con teatreros y músicos, con dibujantes y pintores, con grafiteros y poetas emergentes, con todo aquel que compartiera nuestra indignación; desencantados, renegamos de los sitios edulcorados de la periferia consumista y desandando el camino fuimos en busca del omphalos original, al llegar a nuestros oídos las primeras noticias sobre la existencia de una misteriosa maison en pleno Guamilito. Tampoco nos sorprendió demasiado que en la primera visita descubriéramos al amigo de antaño, hijo pródigo que un buen día decidió tornar al antiguo teatro de sus hazañas ochenteras para fundar una versión posmoderna de la comuna original, recinto amurallado donde ahora nos congregamos, bajo las ramas y al olor de los buenos cigarros, con la secreta alegría de quien ha vuelto a casa después de un largo viaje.

El Parnaso, barrio El Centro, marzo de 2000
La Maison, barrio Guamilito, marzo de 2011